{"id":4555,"date":"2012-02-22T00:00:44","date_gmt":"2012-02-21T23:00:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oweb.es\/fmalvaro\/?p=836"},"modified":"2012-02-22T00:00:44","modified_gmt":"2012-02-21T23:00:44","slug":"espanol-dickens-y-nuestra-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/2012\/02\/22\/espanol-dickens-y-nuestra-crisis\/","title":{"rendered":"Dickens i la nostra crisi"},"content":{"rendered":"<p>\t\t\t\tLa tentaci\u00f3n es demasiado fuerte. La celebraci\u00f3n de los doscientos a\u00f1os del nacimiento de Charles Dickens en plena crisis es una coincidencia que propicia una analog\u00eda tan simple como atractiva: hay muchas semejanzas entre los tiempos dif\u00edciles narrados por el brillante novelista ingl\u00e9s y nuestro presente. La comparaci\u00f3n es tan irresistible, tan po\u00e9tica, que son varios los comentaristas que han sacado punta al asunto, a la b\u00fasqueda de un juego de espejos efectista. L\u00e1stima que se trate de algo que no resiste el m\u00ednimo an\u00e1lisis documentado. Como no lo resiste hablar de la crisis actual como si fuera la de 1929, cuando no exist\u00eda el concepto de derechos sociales que hoy manejamos.<\/p>\n<p>Ni el Reino Unido ni la Europa de nuestro tiempo \u2013Grecia incluida\u2013 tienen nada que ver con el mundo que describe de forma tan emocionante el Dickens novelista y cronista. Para encontrar paralelismos con fundamento con los niveles de miseria y de injusticia que reflejan las obras del genio de Landport ser\u00eda necesario recoger ejemplos actuales en la dur\u00edsima realidad de ciertos pa\u00edses africanos y latinoamericanos, donde la guerra, la violencia criminal, las hambrunas, la corrupci\u00f3n, el analfabetismo, las epidemias, la censura, la contaminaci\u00f3n, el sometimiento de las mujeres y la explotaci\u00f3n de la infancia son fen\u00f3menos cotidianos de una gravedad apenas paliada por la intervenci\u00f3n de las oeneg\u00e9s y la cooperaci\u00f3n oficial de gobiernos occidentales (con intereses no siempre confesables). El Dickens de hoy est\u00e1 en las barriadas de Ad\u00eds Abeba o San Salvador m\u00e1s que en las periferias de Par\u00eds, Berl\u00edn o Roma.<\/p>\n<p>No obstante, los europeos tendemos a olvidar con facilidad todo lo que nos separa de los personajes de Dickens. En el universo victoriano s\u00f3lo hay ricos y pobres mientras nuestro paisaje es el de unas clases medias que, a pesar de verse sometidas a la p\u00e9rdida de poder adquisitivo, siguen constituyendo el grueso de la poblaci\u00f3n y el motor de la econom\u00eda. Asimismo, el trabajador de ese primer capitalismo es un elemento completamente desamparado, en manos del capricho del patr\u00f3n, sin leyes que regulen su actividad ni protecci\u00f3n social alguna a cargo de la administraci\u00f3n, sin sindicatos reconocidos que act\u00faen en su defensa y, sobre todo, sin autoestima. Ese obrero de Dickens es un desarraigado sin horizontes, condenado a una vida de precariedad y dureza, en un medio tremendamente hostil, carne de ca\u00f1\u00f3n de un proceso de creaci\u00f3n de riqueza del que no se ver\u00e1 nunca beneficiado. \u00c9l no cuenta para nada, salvo para malvender su fuerza de trabajo hasta que cae enfermo o fallece. En ese mundo tenebroso donde todo es incertidumbre y un constante dolor, las mujeres y los ni\u00f1os constituyen una clase inferior dentro de la clase explotada, con salarios todav\u00eda m\u00e1s miserables y un trato mucho m\u00e1s vejatorio que el que recibe el var\u00f3n adulto. Las jornadas laborales son extenuantes y embrutecedoras, no hay tiempo para vivir ni para so\u00f1ar. Cualquier comparaci\u00f3n entre el trabajador europeo de hoy y el de las novelas de Dickens ofende a nuestros antepasados y banaliza la lenta y costosa lucha por los derechos de la mayor\u00eda.<\/p>\n<p>La crisis que nos est\u00e1 golpeando pone en cuesti\u00f3n el mundo en el que nacimos los que rondamos la cuarentena y que vieron edificar nuestros padres a partir de la segunda mitad del siglo XX. Nos dicen y comprobamos de manera lacerante que el Estado de bienestar que nos ha acompa\u00f1ado durante toda nuestra vida debe ser redimensionado de forma urgente para que siga prestando unos servicios que consideramos intocables: sanidad, educaci\u00f3n y pensiones. Caminamos, seg\u00fan los expertos, hacia una nueva realidad que ser\u00e1 mucho m\u00e1s austera, pero cuya base nadie cuestiona seriamente porque ello implicar\u00eda la fractura social y el fin de un modelo que ha proporcionado \u2013al menos en este rinc\u00f3n del mundo\u2013 la combinaci\u00f3n m\u00e1s eficaz de libertad, igualdad, solidaridad y justicia que ha conocido la historia humana. Por tanto, es aventurado pensar que regresamos a la \u00e9poca fielmente descrita por Dickens, como si la historia fuera reversible y pudi\u00e9ramos perder de la noche a la ma\u00f1ana las conquistas m\u00e1s importantes de los \u00faltimos 150 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Del mismo modo que la idea de un progreso sin l\u00edmite es ya un concepto ingenuo que no permite pensar en las necesidades nuevas que trasladan los desaf\u00edos que se intuyen, resulta precipitado y alarmista concluir que la crisis que atravesamos no es m\u00e1s que un caminar hacia atr\u00e1s fatalmente predeterminado, para vivir peor que nuestros padres y, tal vez, que nuestros abuelos. En la fascinaci\u00f3n por la met\u00e1fora dickensiana a la hora de explicar lo que nos est\u00e1 ocurriendo hay tambi\u00e9n algo de eso, como si el pasado pudiera reeditarse bajo la forma de venganza moral y el bienestar que presum\u00edamos consolidado deba dejar paso a la m\u00e1s espeluznante de las miserias.<\/p>\n<p>Leamos a Dickens y busquemos en sus personajes lo mejor de un alma humana que no se resigna a la injusticia, pero no utilicemos el arte de un novelista del siglo XIX para iluminar el complejo siglo XXI como quien agarra una linterna en la oscuridad del t\u00fanel. Podr\u00edamos despistarnos y ver lo que no hay mientras nos pasa de largo lo nuevo que surge a nuestro alrededor. Leamos a Dickens con encendida pasi\u00f3n pero no lo adoptemos como carta de navegaci\u00f3n para nuestro presente.\t\t<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tentaci\u00f3n es demasiado fuerte. 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