{"id":6043,"date":"2020-03-27T20:12:01","date_gmt":"2020-03-27T19:12:01","guid":{"rendered":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/?p=6043"},"modified":"2020-04-02T20:19:58","modified_gmt":"2020-04-02T19:19:58","slug":"pantalles-intimes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/2020\/03\/27\/pantalles-intimes\/","title":{"rendered":"Pantallas \u00edntimas"},"content":{"rendered":"<p>Un amigo single ha descubierto, durante el confinamiento, que el sexo virtual o telesexo se puede producir cuando menos te lo esperas. El episodio ocurri\u00f3 sin ayuda de ninguna coartada vagamente po\u00e9tica, detalle que se agradece. Al parecer, \u00e9l estaba tan tranquilo haciendo sus cosas ordinarias de confinado cuando, sin aviso previo, recibi\u00f3 un mensaje en el m\u00f3vil de una conocida que le dec\u00eda que se conectara al ordenador. Dicho y hecho: el encuentro \u00edntimo mediante pantallas fue \u2013por lo que dice mi amigo\u2013 una experiencia grata, pero no tanto como podr\u00eda parecer. \u00bfPor qu\u00e9? Mi amigo me cuenta que no se sinti\u00f3 lo bastante c\u00f3modo, algo se lo impidi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMientras la mujer actuaba con total libertad, como si los dos estuvieran en la misma cama, y no hubiera centenares de kil\u00f3metros de distancia entre los dos participantes en el juego sexual, el hombre iba con el freno de mano puesto, como si tuviera miedo de que las im\u00e1genes de aquel teleencuentro especial acabaran en las redes como todo tipo de contenidos. \u00bfUna explicaci\u00f3n? Supongo que mi amigo, como la mayor\u00eda de las personas que ya no somos j\u00f3venes, tiene un concepto de la privacidad que no casa bien con determinados usos de las tecnolog\u00edas que nos hemos dado. Unas tecnolog\u00edas que, entre otras cosas, hacen m\u00e1s soportable esta clausura que han dictado las autoridades para plantar cara al Covid-19.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>El sexo v\u00eda Google Meet es, sobre todo, un gran espect\u00e1culo, m\u00e1s que una experiencia<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<br \/>\nEl suced\u00e1neo de encuentro er\u00f3tico del que disfrut\u00f3 (con contenci\u00f3n preventiva) mi amigo hace pensar en la dificultad de tener hoy una vida verdaderamente privada. Los nativos digitales, nuestros hijos, todo esto lo ven muy diferente; de hecho, ellos flipan con seg\u00fan qu\u00e9 precauciones propias de los que nacimos cuando el aparato m\u00e1s moderno de nuestro hogar era el televisor en blanco y negro (y con s\u00f3lo dos canales). Es un asunto generacional. Se ha escrito mucho ya sobre el fin de la privacidad, y la lecci\u00f3n de los gur\u00fas es clara: acost\u00fambrense a este mundo de paredes de cristal porque no volver\u00e1n al mundo de ayer. La conquista burguesa de la privacidad ha durado poco m\u00e1s de siglo y medio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEscribe la profesora Paula Sibilia que los ambientes de nuestra vida \u00edntima abandonan \u201cla l\u00f3gica del cuarto propio para devenir escenarios transl\u00facidos\u201d. El confinamiento, con tantas videoconferencias y videollamadas que muestran rincones de casa, multiplica brutalmente este efecto. Hay que saberlo. Por eso, a diferencia de mi amigo, su ocasional pareja ha entendido que el sexo v\u00eda Google Meet es, sobre todo, un gran espect\u00e1culo, m\u00e1s que una experiencia.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un amigo single ha descubierto, durante el confinamiento, que el sexo virtual o telesexo se puede producir cuando menos te lo esperas. 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