{"id":6123,"date":"2020-04-21T15:30:40","date_gmt":"2020-04-21T14:30:40","guid":{"rendered":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/?p=6123"},"modified":"2020-04-29T15:47:15","modified_gmt":"2020-04-29T14:47:15","slug":"com-un-burro-de-sinia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/2020\/04\/21\/com-un-burro-de-sinia\/","title":{"rendered":"(Catal\u00e0) Com un burro de s\u00ednia"},"content":{"rendered":"<p>Ando mucho pero no voy a ning\u00fan lado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAndo en c\u00edrculos, cada d\u00eda, una hora larga, en el terrado de casa. El espacio de mi aventura mide poco m\u00e1s de diecis\u00e9is metros cuadrados, todo el mundo concentrado aqu\u00ed. Soy como un burro de noria, que da vueltas y m\u00e1s vueltas, siempre viendo el mismo escaso paisaje: las azoteas cercanas, la pared del campanario, la antena del vecino de al lado, el balc\u00f3n de enfrente. Cada vuelta es la misma postal. Algunas ma\u00f1anas combino las vueltas en el terrado con subir ocho o diez veces las escaleras a buen ritmo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCamino tan concentrado que, a veces, me alejo de todo y me parece que ya estoy en Sants. O en Kuala Lumpur.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDesde finales de la segunda semana del confinamiento forzoso, cuando se vio que la pandemia ir\u00eda para largo, decid\u00ed imitar al mulo que ten\u00eda el t\u00edo Lloren\u00e7 en la noria de la calle Recreo, aquel pedazo de tierra generosa que resisti\u00f3 heroicamente la ola urbanizadora de los a\u00f1os setenta, pero no la de los noventa. El mulo del t\u00edo era una bestia magn\u00edfica, nunca se quejaba, nunca pon\u00eda problemas, nunca ten\u00eda un mal gesto ni una palabra fuera de lugar. Realizaba su trabajo con una dedicaci\u00f3n ejemplar y una t\u00e9cnica envidiable: su andar constante hacia ning\u00fan sitio mov\u00eda la rueda y esta, a su vez, hac\u00eda que los cangilones \u2013atados con cordajes\u2013 sacaran el agua del pozo. Un mecanismo antiguo y de eficacia sobradamente probada. El animal muri\u00f3 de viejo y toda la familia le rindi\u00f3 un sentido homenaje.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo vivo en una casa antigua del barrio viejo de la ciudad puedo utilizar la azotea comunitaria para estos menesteres sin ning\u00fan problema, algo que, en cambio, tienen prohibido muchos amigos que viven en pisos nuevos. S\u00f3lo dos familias habitamos este inmueble, y los otros son parientes de mi mujer y no ponen pegas. Como un reloj, cada d\u00eda, a las ocho y media de la ma\u00f1ana, enfilo la apasionante ruta circular, vestido de modo vagamente deportivo y calzado como es debido para el trayecto. A diferencia del mulo, yo no extraigo agua de pozo alguno, mi movimiento f\u00edsico no a\u00f1ade nada a la econom\u00eda mundial. Mis vueltas son absolutamente improductivas, tarea de loco, que se dec\u00eda antiguamente. Camino por imperativo m\u00e9dico.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Realizaba su trabajo con una dedicaci\u00f3n ejemplar y una t\u00e9cnica envidiable: su andar constante hacia ning\u00fan sitio mov\u00eda la rueda y esta, a su vez, hac\u00eda que los cangilones sacaran el agua del pozo\u201d<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<br \/>\nDespu\u00e9s de cinco d\u00edas haciendo el burro, precisamente durante un rato en que el aburrimiento me desfibraba, apareci\u00f3 ella. La vi, primero, a hurtadillas: s\u00f3lo una presencia que asomaba la cabeza detr\u00e1s de la cortina del balc\u00f3n del cuarto piso de la casa de enfrente, el que est\u00e1 \u2013m\u00e1s o menos\u2013 a la misma altura de mi terrado. Una figura que parec\u00eda espiarme. Segu\u00ed andando, simulando que no me hab\u00eda dado cuenta de nada pero, pasados cinco minutos, me par\u00e9 en seco ante el balc\u00f3n, para pillarla. El resultado fue un fracaso: no hab\u00eda nadie.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAl d\u00eda siguiente, como cada ma\u00f1ana, puse en marcha la app de contar pasos y emprend\u00ed el camino por los confines brev\u00edsimos de la azotea: primero, la pared blanca con el canal del agua; despu\u00e9s, la parte baja que hace la funci\u00f3n de balconada y da a la calle; acto seguido, la esquina que me permite ver las monta\u00f1as fuera de la localidad, un horizonte de bolsillo para respirar; a continuaci\u00f3n, la pared desconchada que hab\u00eda acogido los gallineros de anta\u00f1o; y, finalmente, la parte bajo tejado, la meta, con la puerta que da a la escalera y los tendederos. Y vuelta a empezar, es lo que hay.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY se repiti\u00f3 la situaci\u00f3n: ahora la pude ver mejor. Ella volv\u00eda a observar tras la cortina del balc\u00f3n del cuarto piso de la casa de enfrente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsta vez no se march\u00f3. Cada vez que pasaba por delante del muro que hac\u00eda de barandilla, pod\u00eda verla. Primero, s\u00f3lo mostraba medio rostro. Tras un rato, corri\u00f3 las cortinas y apareci\u00f3 toda ella. Estaba inm\u00f3vil, detr\u00e1s del cristal. Sus ojos proyectaban una gran curiosidad. Era una ni\u00f1a, de unos diez o doce a\u00f1os, no sabr\u00eda precisarlo. Todav\u00eda no era una adolescente, o este era el efecto que me produc\u00eda, sobre todo por el vestido que llevaba, que ten\u00eda poco que ver con el tipo de ropas que lucen habitualmente los chavales. Era un vestido como de fiesta, algo pasado de moda, nada pr\u00e1ctico \u2013supuse\u2013 para estar en casa; no hace falta que recuerde que el confinamiento ha uniformado a todo el mundo con ch\u00e1ndales, sudaderas, camisetas y otras prendas a medio camino del gimnasio y de la cama.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Se repiti\u00f3 la situaci\u00f3n: ahora la pude ver mejor. Ella volv\u00eda a observar tras la cortina del balc\u00f3n del cuarto piso de la casa de enfrente\u201d<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<br \/>\nCuando acab\u00e9, ella todav\u00eda estaba ah\u00ed. Antes de irme del terrado, le dije \u201cadi\u00f3s\u201d con la mano y ella me devolvi\u00f3 el saludo. No la conoc\u00eda de nada, pero eso no era extra\u00f1o. Hac\u00eda pocos a\u00f1os que el viejo vecindario hab\u00eda sido sustituido por nuevas personas, con las que no ten\u00edamos relaci\u00f3n alguna. En un edificio pr\u00f3ximo, incluso montaron un par de pisos tur\u00edsticos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsa noche, las cosas se complicaron. Mi hermana me llam\u00f3 para avisarme que nuestro padre \u201389 a\u00f1os\u2013 ten\u00eda mucha fiebre y que el m\u00e9dico hab\u00eda decidido enviarlo al hospital. Desde la muerte de nuestra madre, hab\u00eda ido aflojando el v\u00ednculo con mi progenitor. Nunca iba a la residencia donde viv\u00eda. \u00c9l no me lo reprochaba, ten\u00eda demasiado orgullo para hacerlo. La paradoja descarnada era que ahora, a causa del coronavirus, ni yo ni nadie estar\u00eda a su lado, justamente cuando m\u00e1s lo necesitaba.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa situaci\u00f3n de mi padre me dej\u00f3 fuera de juego. Hab\u00eda llevado bastante bien el confinamiento hasta entonces, pero mi muelle interior salt\u00f3 por los aires al saber que ese hombre, con el cual ten\u00eda una p\u00e9sima relaci\u00f3n, quiz\u00e1 se dirig\u00eda ya hacia la carretera de Vilafranca, seg\u00fan la met\u00e1fora de los viejos de la ciudad para referirse a la muerte. No pod\u00eda concentrarme, abandon\u00e9 las rutinas y las paredes de casa me cayeron, por primera vez, encima. Tambi\u00e9n dej\u00e9 de hacer el burro. Me abandon\u00e9.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSeis d\u00edas despu\u00e9s, mi padre estaba a salvo. Seg\u00fan dijo mi hermana que le hab\u00eda dicho el m\u00e9dico, \u201cha luchado como un joven y ha vencido\u201d. Sal\u00ed del hoyo, volv\u00ed a ser yo. Y sub\u00ed, nuevamente, al terrado.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Despu\u00e9s de tantas jornadas de sof\u00e1 y de cama, agobiado por pensamientos oscuros, emular al mulo del t\u00edo Lloren\u00e7 fue una liberaci\u00f3n\u201d<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<br \/>\nDespu\u00e9s de tantas jornadas de sof\u00e1 y de cama, agobiado por pensamientos oscuros, emular al mulo del t\u00edo Lloren\u00e7 fue una liberaci\u00f3n. La libertad pod\u00eda ser dar vueltas y m\u00e1s vueltas en c\u00edrculo. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s se puede pedir? Y, en medio de mis cavilaciones, volvi\u00f3 a aparecer la ni\u00f1a. Sonre\u00eda e iba acompa\u00f1ada de un gato de color de caf\u00e9 con leche. Hab\u00eda salido a fuera y estaba en el balc\u00f3n, mirando fijamente todo lo que se mov\u00eda, que era poco, salvo un servidor. Nos saludamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando llevaba media hora de recorrido, me detuve para beber agua. Entonces, la ni\u00f1a me hizo una pregunta. No ten\u00eda que gritar porque la calle, sin coches, estaba muy silenciosa:<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde vas, que andas tanto?<br \/>\n\u2013No lo s\u00e9. A veces muy lejos, a veces no llego ni a la esquina.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSonre\u00ed y segu\u00ed caminando. Cuando acab\u00e9, nos dijimos adi\u00f3s. El gato maull\u00f3. Cada d\u00eda, desde entonces, disfrut\u00e9 de la compa\u00f1\u00eda de la ni\u00f1a y el gato. Ella se llamaba Maria y el animal se llamaba Fleki.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando las autoridades nos dejaron salir, tuvimos mucha prisa en tomar cervezas en las terrazas de los bares en compa\u00f1\u00eda de los amigos. Fue una locura. Dej\u00e9 de andar en modo noria y volv\u00ed a coger la bicicleta. Poco a poco, rehicimos la vida normal. Y un d\u00eda, no s\u00e9 c\u00f3mo, pens\u00e9 en la ni\u00f1a del balc\u00f3n. Movido por la curiosidad, volv\u00ed al terrado, para ver si la ve\u00eda, pero nada. Decidido a hablar con Maria y saber qu\u00e9 hac\u00eda, sal\u00ed de casa para llamar al portero electr\u00f3nico del inmueble de enfrente. En el cuarto piso, nadie me respondi\u00f3, tampoco en el tercero. Finalmente, en el segundo, una voz me inform\u00f3:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n\u2013Se equivoca: aqu\u00ed no vive ninguna ni\u00f1a. Todos los pisos, menos el nuestro, est\u00e1n deshabitados desde hace mucho tiempo. Y nuestro \u00fanico hijo tiene treinta y dos a\u00f1os y vive en Barcelona.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ando mucho pero no voy a ning\u00fan lado. &nbsp; Ando en c\u00edrculos, cada d\u00eda, una hora larga, en el terrado de casa. El espacio de mi aventura mide poco m\u00e1s&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":6127,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[6,11,1],"tags":[3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6123"}],"collection":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6123"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6123\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6128,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6123\/revisions\/6128"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6127"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6123"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6123"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6123"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}