{"id":6569,"date":"2020-12-17T13:07:23","date_gmt":"2020-12-17T12:07:23","guid":{"rendered":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/?p=6569"},"modified":"2021-01-10T13:12:42","modified_gmt":"2021-01-10T12:12:42","slug":"un-pessebre-de-praga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/2020\/12\/17\/un-pessebre-de-praga\/","title":{"rendered":"Un bel\u00e9n de Praga"},"content":{"rendered":"<p>Compr\u00e9 el bel\u00e9n de madera que se ve en la fotograf\u00eda que ilustra este art\u00edculo en una tienda del centro de Praga, un a\u00f1o y medio despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n de terciopelo que llev\u00f3 a la presidencia de Checoslovaquia al escritor y disidente V\u00e1clav Havel. Este a\u00f1o me ha dado por montar este pesebre de figuras troqueladas que, luciendo vestidos de un vago y fabuloso siglo XIX, subrayan el anacronismo como versi\u00f3n comprensible de un misterio que es intemporal a la vez que indisociable de la historia. Tal vez fue una premonici\u00f3n, porque no puedo dejar de pensar que, entre los personajes t\u00edpicos de mi pesebre checo, se mueve camuflado el fantasma flamante de John le Carr\u00e9. La chica del tambor \u2013creada por el genial escritor de novelas de esp\u00edas\u2013 aguarda siempre en el puente de Carlos, al atardecer; s\u00f3lo hay que saber mirar para dar con ella.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPraga bajo la luz de la libertad, verano de 1991. La mejor cerveza, las risas m\u00e1s encantadoras. M\u00e1s tarde, en dos ocasiones, regres\u00e9 a la capital checa, cuando los aires del desencanto poscomunista ya empezaban a enfriar la ilusi\u00f3n de la recuperada democracia. Me quedo con la instant\u00e1nea de la ciudad que, reci\u00e9n terminada la guerra fr\u00eda, se gustaba ensayando la esperanza, mucho antes de que el pa\u00eds se dividiera en dos rep\u00fablicas, por iniciativa de los eslovacos, que desment\u00edan as\u00ed el t\u00f3pico seg\u00fan el cual la secesi\u00f3n es siempre una causa de los ricos. La Praga de los primeros tiempos democr\u00e1ticos ten\u00eda m\u00fasica de clarinete callejero y, a la sombra del castillo, la vida parec\u00eda fluir hacia un futuro que pod\u00eda sortear el revanchismo y la ley del p\u00e9ndulo oportunista. El a\u00f1orado V\u00e1zquez Montalb\u00e1n tambi\u00e9n la am\u00f3: \u201cLa llamaron Praga\u2009\/los viajeros del norte\u2009\/\u2009mas no tiene nombre\u2009\/\u2009para los fugitivos del sur\u2009\/\u2009encrucijada de invasores\u2009\/\u2009nostalgias salmos banderas\u2009\/ sin asta\u201d.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Me quedo con la instant\u00e1nea de la capital checa reci\u00e9n terminada la guerra fr\u00eda<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<br \/>\nTodos los pasados surg\u00edan al paso del viajero, entre los tenderetes donde era f\u00e1cil comprar insignias y objetos relacionados con el sistema derrocado. Ah\u00ed estaban los ecos de la primavera de Praga y del estudiante Jan Palach, del golpe de Estado comunista de 1948, de la ocupaci\u00f3n nazi y el atentado de la resistencia contra Reinhard Heydrich, de los a\u00f1os fundacionales de Masaryk\u2026 Y Kafka, saliendo del Caf\u00e9 Louvre, donde se reun\u00eda con sus amigos Max Brod, Hugo Bergmann y Felix Weltsch. El autor de La metamorfosis escribi\u00f3 esto en sus Diarios , 19 de junio de 1916: \u201cLa extra\u00f1a luz crepuscular de la \u00e9poca estival en el vac\u00edo nocturno del puente\u201d.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAtraves\u00e9 el puente varias veces. Ivan Kl\u00edma, editor y escritor, me regala la clave para entender este paisaje: \u201cPraga no tiene muchos monumentos p\u00fablicos o placas conmemorativas, pero s\u00ed tiene muchos edificios en los que se encarcel\u00f3, \u00adtortur\u00f3 o ejecut\u00f3 a gente inocente, normalmente a la mejor gente del pa\u00eds. Parte de la discreci\u00f3n de Praga consiste en que no exhibe estas heridas, como si deseara olvidarlas lo antes posible\u201d. Las heridas de Praga son las heridas de Europa entera, porque los espejos morales perduran mucho m\u00e1s que los reg\u00edmenes, y las actitudes nos definen m\u00e1s que cualquier doctrina, sobre todo cuando las comparaciones exigen demasiadas notas a pie de p\u00e1gina. La transici\u00f3n checa y la transici\u00f3n espa\u00f1ola no tuvieron nada que ver y, no obstante, las sociedades tienden a pa\u00adrecerse brevemente \u2013en ciertas cosas\u2013 cuando dejan atr\u00e1s la dictadura. El poder pierde toda autoridad y aparece la grieta, son solo unos segundos. Luego, alguien rellena esa grieta con lo que sea. Con materiales de calidad diversa, de procedencia incierta, de solidez no siempre acreditada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLas obras del checo exiliado Kundera nos dieron \u2013siendo j\u00f3venes\u2013 una br\u00fajula que guardamos en el botiqu\u00edn de urgencias. En El libro de la risa y el olvido, hay una revelaci\u00f3n: \u201c L\u00edtost es una palabra checa intraducible a otros idiomas. Representa un sentimiento tan inmenso como un acorde\u00f3n extendido, un sentimiento que es s\u00edntesis de muchos otros sentimientos: la tristeza, la compasi\u00f3n, los reproches y la nostalgia. La primera s\u00edlaba de esta palabra, si se pronuncia alargada por el acento, suena como la queja de un perro abandonado. Busco para ella, tambi\u00e9n en vano, un s\u00edmil en otras lenguas, aunque no soy capaz de imaginarme c\u00f3mo puede alguien sin ella comprender el alma humana\u201d. La pandemia nos ha dejado la l\u00edtost en el felpudo de la puerta de casa. Contemplo mi pesebre checo y, tras la felicidad plegable que produce la peque\u00f1a escenograf\u00eda tradicional, noto que la l\u00edtost acecha.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPraga va y viene. La excelente escritora y traductora Monika Zgustova, praguense afincada entre nosotros desde hace a\u00f1os, me cont\u00f3 su aventura del exilio con su familia, durante una ma\u00f1ana en un bar de Nueva York, donde el azar hizo que coincidi\u00e9ramos, no recuerdo el mes ni el a\u00f1o. Entend\u00ed, en ese momento, que la capital de Bohemia se pega al visitante para siempre, como la culpa y la duda anidan en el bolsillo m\u00e1s oculto del abrigo de los esp\u00edas de Le Carr\u00e9. Praga va y viene, el Golem ha es\u00adcapado del rabino L\u00f6w, y el tiempo se di\u00adluye en el reloj del ayuntamiento de la \u00adCiudad Vieja.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Compr\u00e9 el bel\u00e9n de madera que se ve en la fotograf\u00eda que ilustra este art\u00edculo en una tienda del centro de Praga, un a\u00f1o y medio despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":6571,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[6,1,7],"tags":[3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6569"}],"collection":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6569"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6569\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6572,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6569\/revisions\/6572"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6571"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6569"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6569"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6569"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}