{"id":6745,"date":"2017-05-18T15:37:29","date_gmt":"2017-05-18T14:37:29","guid":{"rendered":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/?p=6745"},"modified":"2021-11-11T09:48:08","modified_gmt":"2021-11-11T08:48:08","slug":"el-darrer-refugi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/francescmarcalvaro.cat\/es\/2017\/05\/18\/el-darrer-refugi\/","title":{"rendered":"El \u00faltimo refugio"},"content":{"rendered":"<p>Soy de la \u00faltima generaci\u00f3n que ha tenido la man\u00eda y la voluntad de tener una biblioteca personal. En este sentido (y quiz\u00e1s en algunos m\u00e1s), soy un hombre del pasado. No es ning\u00fan m\u00e9rito ni ning\u00fan defecto, es una descripci\u00f3n. Cuando debes hacer frente a una mudanza de vivienda \u2013como es ahora mi caso\u2013 te das cuenta de que existir es una acumulaci\u00f3n de cosas, entre las cuales hay estos objetos impresos que nos multiplican la vida. Confieso que soy un enfermo de los libros, no s\u00f3lo de leerlos tambi\u00e9n de tenerlos, comprarlos, acumularlos, tocarlos. Soy un fetichista del papel encuadernado: no quiero revestirlo de ninguna aureola rom\u00e1ntica ni de ninguna mistificaci\u00f3n excesiva. Soy de una generaci\u00f3n y de una clase social para la cual los libros son \u2013fueron\u2013 la clave para acceder una forma concreta y s\u00f3lida de libertad y progreso.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLo tengo algo hablado con alguno de mis amigos, tambi\u00e9n hijos como yo de la d\u00e9cada de los sesenta del sigloXX y de una clase trabajadora que se convirti\u00f3 en clase media modesta en la \u00faltima etapa del franquismo y la transici\u00f3n. Nosotros \u2013mujeres y hombres entre los cuarenta y pocos y los cincuenta\u2013 somos los \u00faltimos ciudadanos que hemos querido tener una biblioteca personal a imitaci\u00f3n (a peque\u00f1a escala) de las bibliotecas de los sabios y las de algunos ricos. Tambi\u00e9n somos los primeros de muchas familias que hemos tenido los recursos, el tiempo y la formaci\u00f3n para rodearnos de libros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa constataci\u00f3n es iluminadora: mis padres no tuvieron biblioteca y mis hijos tampoco la tendr\u00e1n, muchos de mis coet\u00e1neos y yo somos una extra\u00f1a excepci\u00f3n. Somos un par\u00e9ntesis. Somos una reliquia de un af\u00e1n cultural y vital, entre los libros preciosos que no se pod\u00edan comprar y los libros invisibles disponibles en la red. Somos la generaci\u00f3n biblioteca, unos humanos que aspir\u00e1bamos a emanciparnos leyendo y llenando el hogar de libros. Entre la precariedad material de nuestros padres y la opulencia tecnol\u00f3gica de nuestros hijos, somos el testigo de una forma de vivir hija de la imprenta de Gutenberg, de la Ilustraci\u00f3n y del quiosco del barrio. Tambi\u00e9n somos hijos del cine y la televisi\u00f3n, claro. Pero los libros eran otra cosa: formaban parte indispensable de eso que los expertos y los pol\u00edticos denominan el ascensor social.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl libro se populariz\u00f3 y se hizo asequible cuando nosotros \u00edbamos al colegio. Durante nuestra infancia, las cajas de ahorros regalaban libros el d\u00eda de Sant Jordi, incluso algunos t\u00edtulos que ahora parecer\u00edan\u201cpoco comerciales\u201d. La sociedad de consumo hac\u00eda posible que la alta cultura fuera vendida en los envases de la cultura de masas. Mis padres se hicieron socios de C\u00edrculo de Lectores y eso cambi\u00f3 el comedor de casa. Tambi\u00e9n compraron dos enciclopedias a cr\u00e9dito (Gran Enciclopedia Larousse y Gran Enciclop\u00e8dia Catalana) y nunca me dijeron \u201cno\u201d si ped\u00eda dinero para un libro. Tener libros era tener algo de valor.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>El ideal de la biblioteca personal se convirti\u00f3 en una utop\u00eda factible y una manera de construir la identidad individual<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<br \/>\nMi biblioteca fue creciendo desde los a\u00f1os de adolescencia. Acumular libros era como acumular experiencias. En la casa de una de mis t\u00edas, hab\u00eda lo que m\u00e1s se parec\u00eda a una biblioteca personal y yo, desde siempre, observaba fascinado aquellos estantes repletos, recorr\u00eda los t\u00edtulos ley\u00e9ndolos en voz alta, como si pronunciara un conjuro. Aquel espacio era la iglesia de una religi\u00f3n a la cual pod\u00edas apuntarte libremente, pero nadie te explicaba qu\u00e9 mandamientos deb\u00edas seguir. Bastaba con leer y querer leer siempre m\u00e1s, porque un libro te llevaba a otro libro, y era un enorme placer descubrir los pasillos secretos entre los libros que ten\u00edas al alcance. Al igual que era un pasatiempo abrir cualquier volumen de una de las enciclopedias y leer al azar. Todav\u00eda no se hab\u00eda inventado Google y ten\u00edas que pasar muchas p\u00e1ginas para encontrarlo que buscabas; estaba el placer de perderte y de descubrir cosas inesperadas. La curiosidad pod\u00eda prolongar la b\u00fasqueda mucho rato.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nOrtega y Gasset escribi\u00f3 que cada generaci\u00f3n tiene su \u201chist\u00f3rica misi\u00f3n\u201d, a veces incumplida.Desconozco qu\u00e9 misi\u00f3n tenemos (o ten\u00edamos) los que vinimos al mundo d urante los sesenta, pero \u2013huyendo de las solemnidades del pensador espa\u00f1ol\u2013 es evidente que nosotros fuimos los primeros (en la mayor parte de Europa occidental) en disfrutar un progreso material y moral que pretend\u00eda conjurar los males que hab\u00edan devastado las generaciones precedentes. A pesar del miedo a la destrucci\u00f3n nuclear propia de la guerra fr\u00eda y la crisis del petr\u00f3leo de 1973, crecimos mecidos por una idea positiva del futuro, que estaba avalada por las expectativas favorables de crecimiento econ\u00f3mico y por el acceso generalizado a los  bienes de consumo. En este contexto, el ideal de la biblioteca personal se convirti\u00f3 en una utop\u00eda factible y una manera de construir\u2013proteger\u2013 la identidad individual. Una conquista peque\u00f1a pero estimable. Un refugio. Un ancla en la civilizaci\u00f3n. Estoy condenado a preservar mis libros como el tesoro de un tiempo ef\u00edmero que pareci\u00f3 eterno. Hasta que fallezca: entonces, todos estos papeles \u2013que dan un sentido a mi vida\u2013 acabar\u00e1n en manos del trapero.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Soy de la \u00faltima generaci\u00f3n que ha tenido la man\u00eda y la voluntad de tener una biblioteca personal. 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