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Francesc-Marc Álvaro | Repulsa social aquí o allí
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27 ene 2012 Repulsa social aquí o allí

El mismo día que los populares Camps y Costa eran declarados «no culpables» en el juicio del caso de los trajes, el también popular y ministro de Justícia, Ruiz-Gallardón, anunciaba una serie de reformas entre las cuales sobresale la creación de la llamada condena de prisión permanente revisable para los casos que tengan «el máximo grado de repulsa social» y para dar respuesta a «situaciones que han producido un gran impacto social». La coincidencia es sensacional y señala, una vez más, que la realidad supera la ficción, sobre todo cuando la ficción forma parte de la realidad política o cuando –para decirlo como Guy Debord– «en el mundo realmente trastocado, lo verdadero es un momento de lo falso».

No soy jurista pero leo que, entre los propios expertos, la prisión permanente revisable es más que discutible y que podría chocar con un principio que, en teoría, es vigente y básico en la UE: el castigo que la sociedad aplica a un individuo es para alcanzar su rehabilitación, incluso en los casos más extremos. Asimismo, a nadie se escapa que esta medida responde a una promesa electoral nacida en el clima social generado por el caso del asesinato de Mari Luz Cortés. Esto es inquietante porque plantea el papel del político con respecto al dolor de las víctimas en una sociedad democrática. ¿El político debe mantener la cabeza fría para defender las garantías del Estado de derecho o debe satisfacer con oportunismo las exigencias que nacen del desconsuelo y la rabia de los que han sido golpeados por un crimen? El populismo siempre es un callejón sin salida. Tanto si se trata de regalar 400 euros a todas las familias para parecer que defiendes el progreso como si se trata de inventar una pseudocadena perpetua para parecer que defiendes la ley y el orden.

Una reflexión especial merece que Gallardón argumente la medida a partir de conceptos tan resbaladizos, dinámicos y subjetivos como «repulsa social» e «impacto social». Se trata de fenómenos que aparecen por la combinación de valores e intereses que pueden ser modelados y modulados por los medios y la propaganda. Dar a la repulsa o impacto social esta influencia normativa nos arroja a los abismos de la arbitrariedad, allí donde el imperio de la emoción mediática acaba dictando sentencias. Si fuera por repulsa e impacto social, Camps habría sido declarado culpable por muchos jurados de fuera de Valencia. O Fèlix Millet llevaría muchos meses en la cárcel. O el indulto del Gobierno Zapatero al banquero Alfredo Sáenz no habría tenido lugar. O las indemnizaciones de algunos directivos de cajas de ahorros habrían llevado a mucha gente a los tribunales. Recordarle al ministro que a todos no nos escandaliza lo mismo puede parecer obvio pero no lo es. A mí, por ejemplo, me crea repulsa y me indigna que un juez, como ha pasado en Murcia, exculpe a un hombre que pegó a su mujer en la boca.

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