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Francesc-Marc Álvaro | Sense espai ni temps
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29 feb Sense espai ni temps

Francesc Canosa, nacido en el año 1975, ha escrito un libro imprescindible. Lo digo sin exagerar. Hay libros buenos, libros importantes y libros imprescindibles. La obra de este periodista criado en las comarcas de Ponent forma parte de este último grupo porque hace mejor que ningún otro estudio reciente lo que es una misión dificilísima: explicar la complejidad de la historia reciente de Catalunya sin miedo de remover en las buhardillas de casa, allí donde el polvo y las carcomas conspiran para destruirlo todo. La complejidad que llevamos dentro. El volumen luce un título que ya lo dice todo: Entre el sabre i la bomba, y es una historia del partido Unió Democràtica de Catalunya que, de hecho, acaba siendo un corte en canal en la historia más malnacida de nuestro país.

Si quieren comprender hasta qué punto nuestro pasado es un cuchillo de triple hoja, deben leer inmediatamente estas 226 páginas de prosa intensa y bien documentada. Este trabajo, construido a partir de una suma de testimonios vivísimos, ilumina de manera potente la tragedia de una Catalunya que aspiraba a la modernidad civilizada pero acabó convertida en un hoyo de sangre y estiércol.

La barbarie. Siempre la barbarie. Unió nace en 1931 como un partido muy pequeño de firmes catalanistas, republicanos convencidos, católicos abiertos, europeístas informados, con ideas avanzadas en justicia social. Es el partido de una minoría selecta (como lo era también Acció Catalana) que intuye que la política cainita y sectaria no construye nada y que hay que romper los esquemas dogmáticos del campo de la derecha y la izquierda.

Pero la barbarie sin traba de aquella época los atrapa de lleno y los castiga con especial ensañamiento. Las mujeres y los hombres de aquella Unió primigenia construyen con ilusión un proyecto que, finalmente, se queda sin espacio y sin tiempo. Un proyecto que se convierte en la metáfora de un país posible que no pudo ser y que, me parece, todavía no es.

En las Españas de los convulsos años treinta no hay espacio para un partido que propugna el sentido común. Siempre leales a la República, a pesar de la persecución sistemática que sufren por el hecho de ser creyentes una vez estalla la guerra, intentan construir un pasillo por encima del odio y el fanatismo. No salen adelante. Su espacio se hace cada vez más pequeño porque los extremos azul y rojo –salvajes– colonizan todo el campo y no permiten que quede ninguna isla de moderación. Todo son extremos. Unió es un partido que se queda sin aire, las paredes de su mundo se han movido y la habitación se convierte en una cámara de tortura, una pesadilla que los encajona. Pero hay una resistencia, que se paga muy caro. O te matan los de la revolución proletaria o te matan los de la santa cruzada. Todos consideran que Unió es el enemigo.

Y también es una gente que se queda sin tiempo. Porque Unió comete el gravísimo error de anticiparse veinte o treinta años, es el verdadero partido del futuro sin saberlo. La historia mundial les acabará dando la razón, los hechos acreditarán sus principios, que buscan una síntesis aplicable, justa y equilibrada de libertad, igualdad y solidaridad. Los que están desde primera hora tienen el estilo tranquilo y razonable de los democristianos europeos que, a partir de 1945, forjarán (al lado de los socialdemócratas y de los liberales) la Europa de los derechos humanos y del bienestar que hoy, a pesar de la crisis, todavía es –indiscutiblemente– el lugar menos malo del mundo para vivir con dignidad. En resumidas cuentas, son demasiado modernos para una sociedad que acaba seducida y fagocitada por los totalitarismos. El resto de los partidos no los entienden, sólo se entienden entre ellos, he ahí el drama, Unió es un partido que no grita en un mundo que enloquece, un partido incómodo. Haber nacido antes de hora también le costará muy caro en la transición, cuando a la ignorancia del pasado se sume la colonización mental de ciertas modas ideológicas.

Entre el sabre i la bomba, editado por el incansable Joaquim Torra (Acontravent Editors) y por el Institut d’Estudis Humanístics Miquel Coll i Alentorn (Inehca), debería traducirse al español, al francés, al inglés, al italiano. Para que nuestros vecinos entendieran que la Catalunya de ahora es hija también de esa densa complejidad, inimaginable desde nuestro presente, que contiene otras –distintas– complejidades, claro está. Hay pilas de libros en varios idiomas sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo, pero no hay tantos, en cambio, que muestren un retablo tan extraordinario para comprender lo que significó el baile de violencias cruzadas que se celebró en este rincón de mundo. Los que sufrieron todas las violencias ofrecen un testimonio único, muy valioso, que debe ser escuchado con atención y que es una vacuna contra viejos y nuevos sectarismos.

Es una buena noticia que salga a la luz aquella parte del país que no encaja en el álbum de cromos de las falsas certezas.

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