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Francesc-Marc Álvaro | De Raimon a Shakira
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28 mar De Raimon a Shakira

Entre Al vent, de Raimon, (1959) y la versión que Shakira ha hecho de Boig per tu, de Sau (2014), ha llovido mucho, pero todavía ha llovido poco, a la vista de determinadas actitudes intolerantes. Desgraciadamente, hay quien no quiere entender que se puede cantar en cualquiera de las casi 6.000 lenguas que se hablan en el mundo y que eso no es contra nada ni nadie, sino una afirmación feliz de la riqueza cultural. La artista colombiana está triunfando comercialmente con esta canción pero también tiene que soportar los ataques de aquellos que -pocos, pero ruidosos- consideran inadmisible que la cantante convierta en fenómeno global un tema escrito aquí y en la lengua con la cual Ramon Llull se convirtió en uno de los primeros pensadores de Europa.

¿Los energúmenos que insultan a Shakira porque osa interpretar una pieza en catalán habrían hecho lo mismo si hubiera grabado en quechua, en tupí, en árabe o en italiano? No, claro está. Lo que molesta es que sea precisamente en catalán. Que haya hecho también una versión en castellano del mismo tema no le ahorra las iras de los que se mueven por un odio visceral contra un pueblo y una cultura que no aceptan. Para determinadas mentalidades construidas a partir de provincianismo y centralismo, todo lo que tiene que ver con la personalidad diferente de Catalunya es considerado sospechoso y, por lo tanto, digno de ser atacado, escarnecido y despreciado. El fenómeno que estamos comentando es viejo y tiene un nombre: catalanofobia. Y consiste en una reacción agresiva y excluyente contra una identidad que es percibida como una anomalía. Para poner un ejemplo que demuestra que esto no pasa sólo en las esferas culturales basta recordar que la opa que lanzó Gas Natural sobre Endesa en septiembre de 2005 fue combatida por el PP, con Aguirre al frente, al grito de «antes alemana que catalana».

Pero el drama no es que cuatro impresentables utilicen las redes sociales para insultar desde el anonimato a Shakira cuando ejerce su libertad artística. El drama de verdad es el silencio espeso de los demócratas, de los ilustrados y de los progresistas españoles a la hora de contrarrestar con decisión la catalanofobia. Es este silencio el que permite también que un gran artista como el mencionado Raimon, hijo de Xàtiva, sea ignorado por las autoridades autonómicas valencianas, un caso menos comentado que los tuits contra la de Barranquilla pero mucho más escandaloso y grave, porque tiene apellidos oficiales. Un silencio que sólo rompen algunas pocas y loables excepciones.

Es normal que se utilice el catalán para cantar. Shakira, Raimon o un grupo de cuatro adolescentes que ensaya en un garaje. Hace más de medio siglo, Lluís Serrahima escribió que «ens calen cançons d’ara». Le hemos hecho caso, afortunadamente.

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