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Francesc-Marc Álvaro | Impugnar o morir
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27 oct 2014 Impugnar o morir

Todos compramos una frase atribuida a Rajoy sobre la primera parte del proceso soberanista, que resumía su actitud ante la revuelta que fue cogiendo cuerpo a partir de la Diada de 2012: «Si me muevo, me matan». Eso significaba que el presidente del Gobierno no estaba dispuesto a ofrecer ninguna alternativa «moderada» para desactivar el creciente independentismo, algo que ponía de los nervios a los partidarios de la tercera vía y que era observado con desconfianza por los sectores más duros de la derecha, léase la FAES y otros entornos partidarios de la mano dura. Todo el mundo entendió que los que tenían ganas de «matar» a Rajoy eran los que querían una Moncloa más beligerante. Rajoy -se decía- hacía caso de los informes del equipo de la vicepresidenta y basaba su respuesta en una premisa arriesgada pero interesante: más pronto que tarde, el frente soberanista se romperá desde dentro, Mas caerá y a Madrid le bastará con recoger el fruto del desencanto.

El acuerdo sobre la fecha y la pregunta de la consulta sorprendió al estado mayor de Soraya y descolocó a Rajoy, que quedaba debilitado ante los halcones del PP y la derecha mediática. Parecía que el bloque del derecho a decidir había conseguido conjurar los peores augurios. A partir de entonces, en la Moncloa, decidieron ser más activos e intensos en la batalla. No podían despistarse.

El último movimiento del president Mas, saltando por encima de la suspensión del TC y ofreciendo una nueva consulta del 9N como ejercicio de participación, volvió a descolocar a Rajoy. Madrid -igual que las direcciones de ERC e ICV- daba por hecho que el líder de CiU no querría estrellarse contra las rocas del legalismo y se limitaría -compungido- a convocar elecciones, lo cual le desacreditaría ante la parroquia soberanista. Las cosas, sin embargo, han ido de manera muy diferente. Mas ha vuelto a concretar su ruptura escalonada, que es la desconexión de España hecha con una suma de jugadas que aporten legitimidad y razón a la causa catalana. La parroquia estelada, en general, ha valorado positivamente el golpe de volante de Mas. Quien ha entendido mejor la salida ha sido la CUP, con la distancia suficiente para darse cuenta de que -a pesar de las discrepancias en CiU- no tiene sentido desconfiar de las convicciones de Mas a estas alturas del partido. ¿Puede pensar alguien que no sea tonto o sectario que el president tiene un plan oculto para volver a la vía autonomista? Eso sí sería el suicidio de Mas.

Un amigo con contactos de alto nivel en Madrid me asegura que Rajoy no tendrá más remedio que impugnar el nuevo 9N ante el TC porque «si ahora no se mueve, lo matarán». No puede ir a las elecciones como el líder goleado y humillado por Mas y el soberanismo, y menos cuando la pérdida de la mayoría absoluta está cantada. El gallego es prisionero, más que nunca, de quien le hizo sucesor a dedo.

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