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Francesc-Marc Álvaro | Els no convençuts i la llista
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27 nov 2014 Els no convençuts i la llista

Ganar o perder, esta es la cuestión. Artur Mas ha propuesto una lista unitaria, transversal y plural del soberanismo, con fuerte presencia de la sociedad civil, profesionales y expertos. Políticamente, la lista en cuestión debería agrupar al máximo número de sensibilidades posibles entre los partidarios de la independencia: convergentes, democristianos soberanistas, republicanos, socialistas soberanistas, ecosocialistas soberanistas y, si fuera posible, también la CUP. Una candidatura de este tipo pretende -como subrayó el president- conseguir una mayoría absoluta clara que sustituya una victoria incontestable del sí en un referéndum oficial que el Gobierno español ha impedido de todas las maneras.

De cara a los ya convencidos, la opción de la lista unitaria es la preferida y la que más moviliza. Para decir esto confío más en mi olfato y en la observación que en ciertas encuestas, porque ahora estamos en un escenario inédito y tan particular que no es posible hacer comparaciones fiables con el pasado ni proyecciones afinadas a partir de los comicios normales. Además, una cosa es una lista como la que dibuja Mas y otra una simple coalición entre CiU y ERC, que es sobre lo que se ha preguntado en algunos sondeos. La lista unitaria es un actor político tan excepcional que, de hecho, generaría dinámicas, sinergias y oportunidades que ahora no se pueden ni considerar. En este sentido, la franja de electores que dejarían de votar la lista unitaria porque no aceptan la figura de Mas o de Junqueras (o detestan a CiU o ERC) está sobrevalorada por algunos teóricos y asesores favorables a las listas separadas, que piensan más como militantes que como votantes. Soy de la opinión que el segmento de rechazo no sería relevante en comparación con los votos nuevos que captaría la lista unitaria por tres efectos combinados: la novedad, la superación del marco partidista y el atractivo del caballo (supuestamente) ganador. La potencia del invento es enorme. Hilari Raguer, historiador de prestigio y hombre sabio, me recuerda lo que Francesc Cambó pensaba al respecto: cuando se concierta una coalición electoral, los votos no se suman nunca; si la coalición es razonable, se multiplican, y, si no lo es, se dividen. En este caso, la coalición es más que razonable y, por lo tanto, tendría un impacto multiplicador.

Una de las grandes ventajas de la lista única, que Mas no mencionó pero que late tras de su propuesta, es que, por sí sola, desmentiría los pronósticos del Madrid oficial y del campo de opinión españolista, que siempre han esperado que las peleas del bloque soberanista hicieran descarrilar el proceso. La cara de asombro y las palabras nerviosas de algunos opinadores defensores del statu quo ante la posibilidad de esta plataforma indican que este artefacto es el más temido. Saben que la lista unitaria podría remachar el éxito narrativo del soberanismo ante los partidos unionistas que -como es lógico- querrían que la campaña no tuviera el carácter excepcional que exige decidir si nos marchamos o no de España. La lista unitaria permitiría subrayar que hay un proyecto nuevo para Catalunya mientras PP, C’s y PSC -separados y mal avenidos- no ofrecen nada más que aceptar un marco deteriorado que va en contra de los intereses de toda una sociedad.

Dicho esto, lo más sugerente de una eventual lista unitaria es su potencial relación con la captación de no convencidos, indecisos y votantes del sí-no en la consulta del 9-N. Esta es la tarea urgente del soberanismo. Estoy seguro de que Mas y Junqueras también tienen muy en cuenta a los catalanes que hoy están lejos del soberanismo (sin ser hostiles a él) y que deben ayudar a conformar una mayoría electoral clara. Hablo de los más de 300.000 votos que el proyecto independentista todavía tiene que sumar si quiere asegurar un 51% para saltar la pared en un referéndum oficial. El diálogo entre los dos líderes sobre la lista unitaria debe contemplar con atención este aspecto, sin prejuicios y sin plantillas obsoletas que forman parte del decorado autonomista.

¿Qué podría ser más atractivo para los no convencidos, una lista unitaria o unas listas separadas? Algunos mantienen que las listas soberanistas separadas podrían pescar con más eficacia en este segmento, porque explotarían los debates derecha-izquierda, muy presentes en un momento de crisis económica y, sobre todo, cuando la sombra de Podemos se ve con mucho respeto, quizás demasiado. Es una teoría plausible. Pero este enfoque olvida que una parte importante de votantes alejados hoy del soberanismo no lo son porque hayan leído los libros de Solé-Tura sobre el catalanismo como movimiento burgués y desconozcan, en cambio, las obras de Termes y Fontana que desmienten la visión simplista del anterior. El elemento dominante entre los votantes no convencidos es el factor incertidumbre y el sentimiento de inquietud. A diferencia de los que quieren mantener Catalunya dentro de España, los indecisos podrían abrazar el proyecto soberanista si este se explica de manera razonable, sin estridencias y, sobre todo, si se presenta como un camino compartido y construido por gente diferente. Una lista unitaria -con muchos acentos sociales y territoriales- podría llevar el mensaje de un país nuevo a lugares donde los partidos del sí nunca llegan.

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