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Francesc-Marc Álvaro | Autogol del sobiranisme
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09 nov 2015 Autogol del sobiranisme

Hablar sólo de lo que hacen los partidos no explica nada si no hablamos también de lo que hace una sociedad determinada con ella misma. Por eso tengo poco interés en comentar las razones que llevan la CUP a vetar a Artur Mas, más allá de consignar que los cuperos son prisioneros de un mensaje repetido durante una campaña en la cual todo el mundo -ellos también- daba por hecho que Junts pel Sí tendría un mejor resultado. Por lo tanto, a la vista de lo que hoy pasará en el Parlament, toca interrogarse sobre qué quiere y qué cree que quiere el sector social que ha asumido la idea de la independencia. Aquí ya no vale el tópico «los partidos nos han fallado».

¿Por dónde ha crecido, desde 2010, la opción soberanista? Por el centro social del electorado, singularmente votantes de CiU y, en menor medida, del PSC. Los años de trabajo parlamentario de ERC normalizaron la idea de un Estado catalán independiente, que después de la sentencia del TC sobre el Estatut fue abrazada por unas clases medias poco amigas de revoluciones pero fatigadas de vivir en el victimismo y las migas. El 27-S, Junts pel Sí pretendía articular todo este voto moderado, viejos y nuevos soberanistas que se imaginaban un proceso que, al final, desembocaba en un referéndum pactado al estilo británico. ¿Era ingenuo, eso? Sí y no. Madrid no es Londres, pero nadie utilizaría sólo la fuerza si el soberanismo obtenía un porcentaje contundente, estaba unido y no cometía muchos errores.

Pero las cosas sucedieron de otro modo: una parte de los votantes soberanistas de orden, mesocráticos y tranquilos, eligió la CUP. No lo hizo por amor repentino al anticapitalismo, lo hizo -resumiendo- por dos razones: porque quiso dar a los cuperos la vigilancia de la supuesta autenticidad del proceso y porque vio, en estas siglas, una política sin impurezas (lo cual fascina en una sociedad sin sentido de Estado y limitada por visiones pueriles del poder). Estamos donde estamos porque, en vez de reforzar la calle central del soberanismo, los votantes (incluidos muchos no rupturistas) dieron la llave a una opción lateral que, además, desprecia a la mayoría social que tiene como referente a un converso como Mas. La mayoría -remarco- sin la cual la independencia no tiene posibilidad de éxito.

Junts pel Sí se equivocó en la campaña al confundir el buen rollo con la CUP con el silencio sobre el voto útil. Y se ha equivocado ahora, al negociar. Los convergentes han pensado erróneamente que la declaración que se votará esta mañana ablandaría a los cuperos. Pero con eso sólo han precipitado el pulso con el Estado, justamente en medio de la desunión, la confusión y la debilidad. El equipo de Mas quiere dejar claro que el president lo ha intentado todo. Una foto con un precio muy alto. ¿Qué hará el votante soberanista tranquilo que se dio un gusto cuando vea el autogol?

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