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Francesc-Marc Álvaro | Referèndum inevitable
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30 nov Referèndum inevitable

La gran noticia, a mi parecer, del sondeo que ayer ofrecía La Vanguardia es que –a pesar de las amenazas de Madrid y algunos movimientos erróneos del soberanismo– hay un contundente 78,8% que está de acuerdo con que se pueda convocar un referéndum legal para decidir sobre la independencia. Es decir, la vía escocesa es la solución que tiene más consenso social, por encima de los intereses de partido. ¿Y qué han defendido, casualmente, desde el 2012, los partidarios de la independencia? La celebración de un referéndum pactado de acuerdo con el Estado español. Recuerden que tres comisionados del Parlament pidieron –el 8 de abril del año pasado– la cesión temporal de competencias en este campo al Congreso de los Diputados. El PP y el PSOE votaron en contra, un dato que tener en cuenta de cara a las elecciones del 20 de diciembre.

El referéndum pactado para que los catalanes puedan ser escuchados es un escenario que no se podrá eludir eternamente. Su concreción dependerá de tres factores: que el voto soberanista no retroceda a las cifras testimoniales de otras décadas, que el soberanismo tenga la capacidad de seguir articulando la minoría mayoritaria más activa y dinámica del país, y que haya una cierta presión institucional de la UE sobre un Madrid cerrado a dialogar. Además, es algo comprobable que la manera como el PP ha abordado esta cuestión ha contribuido a la conversión creciente de muchos autonomistas en soberanistas. Por ejemplo, cada vez que Montoro habla, hay docenas de catalanes que desconectan.

¿Hasta qué punto el cambio de partido gobernante en España podría abrir la puerta a un referéndum a la escocesa? Sólo IU prevé esta posibilidad, mientras que Podemos ha añadido a toda prisa a su programa –después de mucha confusión– la celebración de un “referéndum con garantías”. Ni PP, ni PSOE ni C’s quieren oír hablar de ello, tres formaciones que coinciden en negar que Catalunya sea una nación. Por eso resulta poco realista pensar en una reforma constitucional para satisfacer las demandas catalanas, sobre todo si se tiene en cuenta que ni populares ni socialistas quieren parecer blandos ante el “desafío separatista”. Rajoy, Sánchez y Rivera saben cómo obtener votos fácilmente. A pesar de eso, un 32% considera que el proceso acabará “en una mejor financiación para Catalunya y un reconocimiento de la identidad cultural”, respuesta sin base racional que nace de un voluntarismo admirable y de la nostalgia por lo que debía ser el Estatut del 2006 antes de pasar por el TC. Más tabú que la independencia es que Catalunya disfrutara de un modelo similar al de vascos y navarros.

Quizás el soberanismo se estancará o caerá algunos puntos a causa de sus autogoles, hay que preverlo. Pero la demanda de un referéndum pactado que dé la palabra a los catalanes no se disolverá y marcará la agenda de los próximos tiempos.

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