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Francesc-Marc Álvaro | No a la catalana
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22 sep No a la catalana

He ahí una paradoja que ilumina el panorama: el acuerdo de gobierno para España que gusta más los catalanes es ese que no dejaría dormir tranquilo a Pedro Sánchez, según su propia confesión.

 

El sondeo publicado ayer y hoy por La Vanguardia indica que un contundente 50% de ciudadanos de Catalunya prefiere un pacto entre PSOE y Unidas Podemos, casi veinte puntos más que en el conjunto de España. A la vez, la colaboración entre socialistas y Cs (la que siempre ha perseguido Sánchez, como ayer recordaba Jordi Amat) sólo obtiene aquí un 10% de apoyo mientras en todo el Estado alcanza el 22%. Dicho de otro modo: Catalunya es el oasis del progresismo español, si me permiten la broma. En la sociedad catalana pesa más que en ningún sitio la voluntad de un ejecutivo de centro-izquierda para España. Por eso el PSC sufre y sufrirá, aunque la misma encuesta le augura un cierto crecimiento a costa de los republicanos, una previsión muy incierta si tenemos en cuenta el impacto de la sentencia del Supremo.

 

Imaginemos que tras el 10-N Sánchez gobierna con Cs, en Catalunya saltarían todas las alarmas

 

La estrategia de Sánchez ha quedado clara: después de prometer un gobierno orientado a la izquierda con el cebo del peligro ultra que venía desde Andalucía, ahora quiere consolidarse como figura del orden y la moderación, aprovechando que Albert Rivera le ha regalado una calle muy ancha donde ejercer de opción de centro. No a un gobierno a la catalana. El líder socialista imita a Rajoy: tranquilidad y buenos alimentos. Por eso demoniza a Iglesias y ERC, los mismos que fueron indispensables para la moción de censura que le propulsó al poder. El sondeo nos dice que el líder socialista obtendría una pequeña ventaja sin alterar el paisaje, si exceptuamos que el partido naranja quedaría debilitado. Ahí radica –quizá– la clave de la jugada pensada desde la Moncloa.

 

Imaginemos que después del 10-N Sánchez gobierna con el apoyo de Cs, que es –como se sabe– la formula bendecida por el establishment de Madrid. En Catalunya, esta hipotética alianza haría saltar todas las alarmas, y no sólo entre los independentistas. El anhelo catalán (poco o muy ingenuo) de un gabinete de centro-izquierda sería desmentido por los hechos así como una posible distensión posproceso, basta con recordar que Rivera habla obsesivamente de aplicar el 155. Las futuras elecciones catalanas, celebradas después de un eventual acuerdo entre el PSOE y los naranja, movilizarían a independentistas y comunes de una manera especial, además de dar alas a los sectores unilateralistas y al discurso de Puigdemont.

 

En este contexto, no es nada irrelevante que un 55,2% de españoles considere que estaría justificada una condena por rebelión de los dirigentes independentistas “porque hubo violencia”, y que un 56,7% esté en contra de un posible indulto. Sánchez tomará nota de ello. Paradójicamente, un 59% de la ciudadanía española piensa que “el diálogo entre gobiernos” es la vía para resolver el conflicto catalán; eso me ha recordado una máxima de Aznar: “Primero se gana y luego se pacta”.

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