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Francesc-Marc Álvaro | Vaciar la política
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04 oct Vaciar la política

Los ex son sensacionales: acostumbran a decir cosas sustanciales porque se sueltan el pelo, aunque sean calvos, como es el caso de Cristóbal Montoro, exministro de Hacienda de ­Rajoy y político del PP con larga trayectoria. Este veterano político conservador, ahora lejos de la pugna, ­considera que “estamos vaciando la política” y añade que “parece que sólo hay comunicadores”. “Y no pasa sólo en España –dice– sino en todos lados y en todos los partidos”. Tiene razón y acierta con el verbo: vaciar la política. Sin duda, algo de eso ocurre cuando las acciones, los discursos y los gestos de los políticos se rigen, sobre todo, por las oscilaciones de los sondeos y los índices de popularidad.
 
Montoro, que ha concedido una entrevista a El País , reflexiona como un político de otros tiempos y hace un poco de trampa: también los gobiernos de los que él formó parte participaron de la tendencia que ahora critica, si bien es cierto que menos de lo que hoy tenemos delante. Hay un importante aumento de grado en ese vaciado de la política, al que Rajoy no fue ajeno, en la medida que tendía a reducirlo todo a una gestión que pretendía parecer tecnocrática. En comparación con ­José María Aznar –que fue a partir del año 2000 tan acusadamente ideológico y programático como el Felipe González de 1982–, Rajoy siempre pareció un gobernante con sordina y ­bata blanca. Pero Pedro Sánchez, formateado televisivamente y enganchado a un tacticismo barroco non-stop , es ciertamente otra cosa: el vaciado de la política que genera es puramente posmoderno, pues consiste en surfear consignas que fijan marcos de sentido cuya relación con un proyecto articulado es inexistente o simple apariencia. Los golpes de volante del actual líder socialista dibujan una trayectoria de mero resistente , por usar el título de su libro. El guion electoral vacía el libro de la política y convierte al actor que lo sigue en un monigote en manos de la suerte.
 
El guion electoral vacía el libro de la política y convierte al actor que lo sigue en un monigote
 
Preguntado sobre los fichajes en las listas electorales, Montoro responde que hay demasiados “famosos” y explica que “los políticos han entrado en ese juego en el que lo importante es que te conozcan y no por qué”. “Cada vez hay más frustración en la gente y es normal –afirma–, porque faltan contenidos. Lo importante es dar bien en la tele, pero no te distinguen del otro que es más o menos de tu edad y habla como tú y del que sólo hace tuits”. Es un buen resumen de cómo la mal llamada comunicación ha ido fagocitando la representación política hasta dejarla en un guiñol donde vemos la mano del titiritero. Pero la frustración no creo que provenga de la falta de contenidos sino de algo más grave: la impunidad con que cualquier líder recita palabras precocinadas sin preocuparse apenas de que parezcan propias o auténticas. Lo que cabrea es la desvergüenza con que nos toman por idiotas.

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