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Francesc-Marc Álvaro | Vinculados o marcianos
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01 jun Vinculados o marcianos

El sábado por la noche viví una experiencia religiosa: después de ver el Telenotícies de TV3, constaté que los mundos paralelos existen y un escalofrío me recorrió el espinazo. Hay un Govern Torra y un Govern Aragonès y nunca se encontrarán, ni el día que los jueces del Supremo pulsen el botón y haya que convocar las autonómicas. Estaba tan emocionado que escribí un tuit sobre el asunto donde decía que “la cosa podría estar firmada y filmada por el gran Rod Serling”, el padre de la serie de ciencia ficción Dimensión desconocida , donde a menudo aparecían marcianos.
 
ERC, como ya se sabía, vuelve a pactar sobre el estado de alarma con el Ejecutivo de Sánchez, actitud congruente de los que tienen claro que su compromiso al investir presidente al líder del PSOE era y es aguantar toda la legislatura para crecer y tratar de influir. El no republicano a la prórroga anterior sólo fue un espejismo, producido por el exceso de confianza de la Moncloa y la necesidad de Aragonès de remarcar que sus diputados merecen el mismo respeto que los del PNV, que ahora se lleva un premio: la gestión del nuevo ingreso mínimo vital. Las cosas vuelven a sitio y se acaban las fantasías sobre Cs como nuevo socio del Gabinete de centro-izquierda.
 

A medida que vayamos saliendo del estado de alarma, se hará más evidente que urge un Govern nuevo

 
Pero los mundos paralelos son muy complicados. Y también fatigantes. Torra ha hecho saber a Aragonès que la abstención de ERC que hará posible la nueva prórroga no vincula al Govern; recordemos que JxCat, la formación del president, ha votado en contra desde la tercera prórroga. Durante la videoconferencia de presidentes autonómicos, ayer, Torra expresó el rechazo de su Ejecutivo a esta medida, un nuevo gesto de política-fake sin trascendencia práctica, pero también un nuevo caso de disonancia cognitiva, que pone en evidencia las impotencias del independentismo institucional.
 
¿Qué significa que el voto del grupo republicano en el Congreso no vincula al Govern? Es un misterio. Un ejemplo urgente: ¿los trabajadores de Nissan que no se resignan a perder el empleo con qué Govern deben hablar, con el de Torra, con el de Aragonès o con el de los marcianos? ¿Si todos los independentistas en Madrid acaban siendo irrelevantes, como los de JxCat y la CUP, qué pasará con las ayudas europeas? He ahí los límites del testimonialismo.
 
Las estrategias de ERC y de JxCat, en Catalunya y Madrid, son muy diferentes. Hasta ahora, los dos socios en el Govern han actuado como si esta circunstancia fuera una minucia, y han llevado las broncas al Parlament, sobre todo a la mesa de la Cámara, donde las disputas entre el presidente Torrent y el vicepresidente Costa son dignas de una sit-com con risas enlatadas. El Gabinete presidido por Torra se ha acostumbrado a funcionar por inercia, sin un relato ni un criterio compartidos por todas las conselleries, un vacío que la gestión de la pandemia solo ha mostrado a medias, porque la respuesta a la emergencia (y la centralización) ha borrado cualquier proyecto. A medida que vayamos saliendo del estado de alarma, será más evidente que a Catalunya le urge un Govern nuevo.

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