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Francesc-Marc Álvaro | Siete días de junio
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05 jun Siete días de junio

Las declaraciones del general Jim Mattis sobre Trump son de cine. Quiero decir que me recuerdan una de las mejores películas políticas rodadas durante la guerra fría: Siete días de ­mayo , dirigida por John Frankenheimer y protagonizada por Burt Lancaster, basada en la novela del mismo título de Fletcher Knebel y Charles W. Bailey II, editada aquí por Destino en 1963. El argumento parte de un temor de la imaginación progresista estadounidense –liberal, en terminología de allí– que aparece de manera recurrente en varias obras: la hipótesis de que la República cae en manos de un tirano. Philip Roth le dio una vuelta de tuerca más en La conjura contra América , distopía convertida en serie de éxito. Antes, Sinclair Lewis abordó el mismo asunto en la genial sátira Eso no puede pasar aquí . Que el sistema creado por los padres fundadores pueda ser pervertido desde dentro es una idea que regresa cíclicamente.
 
Mattis, exsecretario de Defensa de Trump, ha escrito una declaración en la que acusa abiertamente al presidente de “abuso de autoridad” por su actitud agresiva y por su intención de utilizar al ejército para sofocar las protestas que arrecian en muchas ciudades, a raíz de la muerte del afroamericano George Floyd a manos de la policía. También discrepa de esta ocurrencia del inquilino de la Casa Blanca el actual secretario de Defensa, Mark Esper. Lo que ha sido una constante en España y Latinoamérica durante los siglos XIX y XX, el intervencionismo del ejército en la vida política, es algo absolutamente ajeno a la tradición estadounidense. La mera insinuación de que se usarían tropas regulares contra la ciudadanía pone los pelos de punta a la mayoría de la gente, empezando por los profesionales del ramo. Pero Trump es un pulpo en un garaje: no tiene nada que ver con los políticos ni los funcionarios de Washington DC.
 

Trump es un pulpo en un garaje: no tiene nada que ver con los políticos de Washington DC

 
Bob Woodward explica en su libro Miedo que, hablando de Afganistán, Trump les espetó esto a sus generales y asesores: “Los soldados con los que me reuní podrían llevar las cosas mucho mejor que vosotros”. Este es el personaje. En Siete días de mayo, un general salvapatrias, contrario a la política presidencial de desarme nu­clear, trama un golpe contra su comandante en jefe. En la película real de Trump, los generales y demás profesionales de la administración federal están llegando al límite de la paciencia con el antisistema que ocupa el despacho oval. El desafío es titánico: ¿cómo se defiende la democracia de una amenaza situada en el mismo corazón de sus instituciones?

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