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Francesc-Marc Álvaro | ¿Mas contra Puigdemont?
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15 jun ¿Mas contra Puigdemont?

Un escenario alternativo, hipotético, posible pero no probable: Artur Mas decide que la mejor manera de contribuir a salvar los muebles del espacio postconvergente (fragmentado, reducido y alborotado) es oponerse a los designios de Carles Puigdemont y forzar un retorno del PDECat (con o sin la candidatura JxCat) a los raíles del pragmatismo, para competir con ERC en realismo durante la próxima campaña de las catalanas, las que el president Torra no quiere convocar. Si eso sucediera, una parte de las bases del PDECat vivirían dramáticamente la tensión de tener que elegir entre la épica táctica del president exiliado y el posibilismo estratégico del heredero de Pujol, un debate difícil que serviría para que, finalmente, los posconvergentes asumieran el fracaso del unilateralismo. En este contexto –y estiro la hipótesis algo más–la clave la tendrían los alcaldes y cargos locales, que eran esenciales cuando existía Convergència y lo siguen siendo hoy en el PDECat.
 
Acabo de dibujar un teatro imaginario que forma parte de las conversaciones de ciertos entornos pero que difícilmente se convertirá en una realidad. La razón principal es que Mas –que condujo Puigdemont a la presidencia después del veto de la CUP a su persona– no quiere ser el causante de una nueva escisión en el solar posconvergente, y no quiere tampoco aparecer como enemigo del líder que organizó el referéndum del 1 de octubre. En la práctica, Mas vive en un discreto segundo plano todo lo que destila la triangulación Waterloo-Casa dels Canonges-Lledoners, aunque sigue teniendo un fuerte ascendiente moral entre los cuadros y la militancia, y habla con mucha gente, incluidos esos que le habían difamado y que ahora desean que regrese a la arena política, incluso –dicen algunos– como cabeza de lista. La inhabilitación de Mas terminó el pasado febrero y, por lo tanto, podría aspirar a una nueva vida política.
 

Mas, albacea del pujolismo, no quiere pasar a la historia como dinamitador del pospujolismo

 
Que Mas no se haya apuntado al nuevo PNC que impulsa Marta Pascal con otros posconvergentes disidentes y damnificados del puigdemontismo –con los cuales quizá compartiría diagnóstico sobre el país– es un indicador claro del hecho que el albacea del pujolismo no quiere pasar a la historia como dinamitador del pospujolismo. Mas se autodefinió como el president de la transición al soberanismo y, por coherencia, no competirá contra el president que hizo un ensayo general (y efímero) de la independencia. El problema es que eso lo hace estar incómodo: su sentido institucional convive mal con el estilo de Torra y con el tacticismo del exilio. Por eso, en la parte final del libro Cabeza fría, corazón caliente , Mas afirma que “los que tienen que sacar adelante el proceso soberanista no son los mismos que deben gobernar el día a día del país”. Una propuesta que pretende la cuadratura del círculo y que hace abstracción del botón emocional, en manos de Puigdemont, por ahora.
 
La crisis de la Covid-19 y el nuevo marco de la reconstrucción obliga a todo el mundo –y al independentismo de manera especial– a repensar sus planes. ¿Revisará Mas su actitud respecto aquel que le sucedió?

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