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Francesc-Marc Álvaro | Maquiavelo en el Eixample
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23 nov 2020 Maquiavelo en el Eixample

Es como si en Londres supieran qué le hace falta a la política catalana mejor que aquí. La distancia, a veces, aporta claridad. A raíz de la caída de Dominic Cummings, el asesor principal del primer ministro Boris Johnson, el último número de The Economist analiza el papel de los spin doctors y concluye que “el Maquiavelo moderno tiene que estar dispuesto a pinchar burbujas ideológicas”. Exacto. El semanario añade que “no hay nada más peligroso para una organización que el pensamiento grupal autocomplaciente”. Acabáramos. Hablan de política británica, pero el diagnóstico sirve para describir los problemas de algunos partidos de Catalunya, sobre todo de los independentistas que aspiran a continuar en el Govern.
 
Pinchar la burbuja y evitar la autocomplacencia. Se busca –diríamos– un Maquiavelo que se pueda instalar en el Eixample, al servicio de Pere Aragonès y al servicio de Laura Borràs o Damià Calvet, que uno u otro acabará siendo el candidato de JxCat. Hablo, claro está, de algún asesor político serio, no de vendedores de humo, que de estos sobran. A Johnson le recuerdan que “el asesor ideal necesita saber cuándo buscar peleas y cuándo jugar bien”, así como una enorme obviedad, a menudo olvidada: los que aconsejan al líder “necesitan ir más allá de Downing Street”, aviso que, adaptado a nuestros predios, significa recorrer el país más allá de la plaza de Sant Jaume. La política se hace sobre el terreno, también en tiempos de redes sociales.
 
Las encuestas del CEO, del CIS y del ICPS dibujan algunas tendencias. Pero no hay nada seguro. Lo escribiremos una vez más: con el panorama social que tenemos por delante todo es muy volátil y dinámico. Nadie puede prever hoy cómo afectará el nuevo malestar a la elección de papeletas del 14 de febrero. Pinchar la burbuja, evitar la autocomplacencia, decidir qué batallas y recorrer el país. Consejos que saben todos, incluso los que tienen como única estrategia la adulación de la parroquia. Los socialistas enfocan el reto de otro modo: esperar que los resbalones de otros los propulsen al segundo puesto (o al primero, si hay suerte). Iceta podría vivir su momento de oro de aquí a unos meses.
 
Imaginen la campaña, en el lado de los independentistas: Aragonès, Calvet o Borràs, y Àngels Chacón (y quizá Marta Pascal) buscando votos entre la enmienda parcial del procés , la promesa de un momentum y el compromiso de gobernar mejor, mientras Riera, de la CUP, pegará donde más duele: el doble desencanto, ni república ni gestión brillante. El Maquiavelo del Eixample –una oreja en Lledoners y otra en los barrios donde se cuece la desafección– tendrá que hacer una salsa que –pronostico– no gustará a nadie del todo. Podría ser que solo Borràs –si es candidata– apueste por el relato original, aliñado por el ideólogo más puro del puigdemontismo, Josep Costa, partidario de “eixamplar l’esquerda”. Veremos. Desde Londres, también nos recuerdan que “los mejores asesores son casi invisibles: los que aparecen en los periódicos no están haciendo bien su trabajo”. Por eso más vale que nadie intente imitar a Iván Redondo.

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