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Francesc-Marc Álvaro | Espejos y espejismos
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14 feb 2021 Espejos y espejismos

Parece que hoy enviamos una postal al futuro. Todos los catalanes con derecho a voto podemos hacerlo, es el día. Las papeletas en las urnas crean realidad, aunque la democracia está abollada y la pandemia nos desfibra. Los votos esbozan qué Catalunya queremos y, sobre todo, cuál no queremos. Este esbozo está sometido a rebotes posteriores que se nos escapan: pactos, jueces, azares y accidentes. Y al factor humano. Lo más apasionante de la democracia es que siempre puede darnos alguna sorpresa. Es la poética intempestiva de las urnas: limita al norte con los dados de Dios y al sur con el capricho del simio sofisticado. Votar tiene tanto de confesión con el cura como de apuesta en un casino.
 
El premio no es ni la absolución ni un millón de dólares: es cuando el resultado no se aleja mucho del país imaginado en tu cabeza. Entonces, echamos mano de los espejos: Catalunya comparada con otros lugares. En esta lista, hay un clásico: “la Dinamarca del Mediterráneo”, metáfora que ha sido enmendada esta campaña por algunos candidatos, que han advertido del peligro de convertirnos en “la Andorra del sur”. Escocia es un referente de los últimos diez años, mucho mejor que Montenegro. Años atrás –durante la presidencia de Mas–, se habló de hacer de Catalunya “el Massachusetts de los Estados Unidos de Europa”. En cambio, cuando el derrumbe del imperio soviético, proliferaron las comparaciones con algunas naciones del centro y el este del Viejo Continente (los bálticos tenían tirón) y, antes, Pujol estaba fascinado con Baden-Württemberg y Lombardía. La cosa viene de antiguo: Prat de la Riba, padre del catalanismo político, admiraba la Prusia de Bismarck tanto como Estados Unidos; “seamos americanos”, escribió
 

Votar debería servir para transformar la historia

 
¿Espejos o espejismos? En una entrevista en L’Avenç , el verano del 2002, Pasqual Maragall decía esto: “Yo creo que cuenta más la geografía que la historia, aunque la historia le da la sal y la pimienta”. Cuando llegó a la presidencia de la Generalitat, constató –tal vez– que había sido demasiado optimista. Votar no altera la geografía, pero debería servir para transformar la historia. Romper los espejos, escapar de los espejismos.

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