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Francesc-Marc Álvaro | Aislados y extraños
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21 mar 2021 Aislados y extraños

El largo año de pandemia nos ha dejado en un punto que cuesta explicar. Quiero decir que no basta con utilizar palabras como incertidumbre , fatiga o desmoralización . Cada crisis reinventa el léxico y esta no será menos. Hemos asumido que el concepto de futuro ha entrado en una suspensión técnica y vivimos a la espera de que nos devuelvan la licencia para hacer planes. Desde hace doce meses, nos hemos convertido en seres a corto plazo y eso ha cambiado nuestra idea de libertad. ¿Qué significa ser libre en tiempo de la covid? No me refiero a las limitaciones del toque de queda o de los confinamientos territoriales, voy más allá. Como se reconfigura nuestra libertad cuando todo lo que podemos imaginar está sometido a la siguiente respuesta política: “No sabemos cuándo”. Y este cuándo es la clave de todo y es, al mismo tiempo, un dato imposible y, sobre todo, impensable. Es un vacío sin calendario.
 
Dicen algunos que este es un tiempo de soledades. No estoy de acuerdo. Utilizo una distinción de Hans-Georg Gadamer: “La soledad es, por lo tanto, algo completamente distinto al aislamiento. El aislamiento es una experiencia de pérdida y de soledad, la experiencia de la renuncia. El aislamiento se padece, en la soledad se busca algo”. Aquello que nos debilita más, a raíz de la pandemia, es la sensación y la realidad del aislamiento, que se multiplica en el caso de las personas que viven solas. Un aislamiento que la vida virtual solo ha podido paliar en parte, porque la dimensión física es insustituible y, sobre todo, es irrepetible. Arrastramos esta pérdida, que lo es hacia fuera y hacia dentro, y eso nos convierte en extraños también para nosotros mismos. La pérdida fabrica una alienación sutil, que no podemos analizar aún con exactitud; es como la presencia en nuestro interior de otro virus –un virus moral– que no mata, pero nos transforma, como en esas películas de serie B en que los extraterrestres ocupan los cuerpos de los humanos para apoderarse de la Tierra.
 

La pérdida de la dimensión física no nos mata pero nos transforma

 
Aislados en un vacío inmenso sin fechas. Sigo pensando que el mundo no cambiará a raíz de esta pandemia, pero quizá sí lo hará cada uno de nosotros. Sin saberlo, sin poder evitarlo.

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