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Francesc-Marc Álvaro | El cristal
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24 jun 2021 El cristal

Ayer fue un día importante, a pesar de que hemos dicho y repetido que los indultos solo son un interruptor para poder hacer política, no la solución al conflicto catalán. Los líderes del procés han sido indultados por el Gobierno, algo bien recibido por una inmensa mayoría en Catalunya, donde los contrarios a esta medida son muy minoritarios. Formo parte de los que piensan que estas nueve personas no deberían haber entrado nunca en prisión y, por lo tanto, he celebrado que vuelvan a ser libres, aunque, como dice el profesor Joan J. Queralt, estos indultos parecen una especie de libertad condicional, dado que incluyen la reversibilidad y otras incrustaciones peculiares. En todo caso, estamos en un cambio de rasante. No menospreciemos este momento. El interruptor invita a hacer política. Ahora bien, no seamos ingenuos: no será nada fácil, hay muchas inercias en contra.
 
Para hacer política, hay que hablar mucho. A partir de ahora, ya se podrá hablar con Forcadell, Junqueras, Forn, Rull, Romeva, Turull, Bassa, Sànchez y Cuixart sin un cristal en medio. Cuando visitábamos a los dirigentes encarcelados, un cristal nos separaba de ellos y teníamos que utilizar un intercomunicador. El ejercicio era complicado y ralentizaba la conversación, un cristal puede ser como una muralla. Guardo un recuerdo muy especial del encuentro que, con un cristal de por medio, mantuve con Carme Forcadell en el centro penitenciario de Mas d’Enric, en El Catllar, en septiembre del 2019. Fue una entrevista off the record y, por lo tanto, no divulgaré su contenido, pero sí puedo explicar la fuerte impresión que me causó la sinceridad y claridad analítica exhibidas por la expresidenta del Parlament. En esa ocasión, el cristal se fue desvaneciendo a medida que hablábamos, y pude acceder a una perspectiva inédita del procés y sus avatares, más allá y más acá de las grandes proclamas. Animé a Forcadell a explicar, algún día, su testimonio; no sé si lo hará.
 

Los indultados que aspiran a tener un papel político han de hablar más claro

 
Las mujeres y hombres que ahora recuperan la libertad dejan atrás el cristal antipático de los locutorios de la prisión, pero no pueden librarse de otro cristal, que condiciona su comunicación con la sociedad, tanto o más que las advertencias de los jueces. Me refiero al cristal invisible de las consignas y las argumentaciones automáticas. Entiendo que hay un momento para las grandes frases –como las que se dijeron ayer ante la cárcel de Lledoners–, pero los dirigentes indultados que aspiran a tener un papel político han de romper el cristal que les impide hablar más claro. ¿Qué quiero decir? Que deben revisar el nexo entre lo que dicen, lo que han hecho y lo que dicen que harán. Seamos justos: Oriol Junqueras y Jordi Sànchez han empezado a hacerlo, y eso les ha costado las airadas reacciones de los ­vigilantes de la burbuja. Pero esta voluntad de hablar claro debe ir a más, no puede ser in­termitente. Y ha de ser compartida por más ­figuras.­
 
Demasiado cristal lleva al estropicio. Hay sectores del independentismo que pretenden presentar los indultos como una derrota, una sumisión o una traición (mientras las derechas españolas hacen una operación equivalente desde Madrid contra el Gabinete de PSOE y Podemos), una batalla por el relato que proyecta hacia el futuro los malentendidos del procés , como un nudo dentro de otro nudo. Migraña. Al mismo tiempo, hay otra pugna –más soterrada– entre los que apuntan que los indultos llegan gracias a lo que ha hecho el exilio y los que afirman que son el resultado del trabajo del interior. El independentismo vive tan obsesionado por esta competición de narrativas basadas en el termómetro del sacrificio y la astucia que cada vez que un dirigente intenta hablar claro es un drama. Pero la nostalgia de la barricada es tan antipolítica como el inmovilismo de los que rechazan la vía escocesa. Hay que romper esta pinza.

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