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Francesc-Marc Álvaro | La política real y la otra
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09 ago 2021 La política real y la otra

Lo ha dicho Ernest Maragall hablando de series, entrevistado por Àlex Tort: “ Lupin es muy divertida, o la clásica Borgen. Tiene mucho de la política real, donde hay más de lo que deberíamos admitirnos nosotros mismos”. La frase del jefe de ERC en el Ayuntamiento barcelonés es algo críptica, imita el estilo de los oráculos. ¿Qué significa que en la política real hay más de lo que deberían admitirse los políticos de aquí? El apunte vagamente autocrítico proviene de una persona que lleva muchas décadas dedicado profesionalmente a la cosa pública, la mayor parte del tiempo en responsabilidades de gobierno o de gestión. ¿Qué ha visto Maragall en Borgen que le invita a insinuar que todo no es admisible en la política real? En Borgen, a diferencia de las series norteamericanas, los personajes se mueven en un ambiente casero y desprovisto de épica, el poder es representado como un negocio de tenderos que se conocen de hace tiempo, por eso es una ficción muy catalana, a pesar de ser danesa.
 
Si alguien sabe qué es la política real este es Maragall. Formó parte durante muchos años del PSC, un partido de la más pura realpolitik . Su perspectiva debe ser hoy muy útil en ERC, unas siglas poco acostumbradas a tocar poder. Puestos en este jardín, me pregunto qué cosa es la política real. No en oposición a las obras de ficción, sino en relación con la política sobreactuada y la política sobrecomunicada. La política (hacer cosas de interés general) es desdibujada ahora por la representación política (anunciar cosas de interés general). La dificultad de practicar una política real en Catalunya es muy alta, y no solo por el procés y sus derivadas.
 

La covid ha puestoa los políticos ante una realidad que no puede ser dominada por relato alguno

 
Fíjense: se nos dice que se ha llegado a un acuerdo sobre la ampliación del aeropuerto de Barcelona que no concreta nada, aunque pone en marcha discursos solemnes, críticas agrias, debates bizantinos y la tira de declaraciones que se producen sobre una iniciativa de la que se desconoce casi todo. ¿Cuál es la realidad? ¿Las discrepancias entre socialistas y comunes sobre el aeropuerto (en el Ayuntamiento de Barcelona y el Gobierno) son más o menos reales que la voluntad que tienen ambas formaciones de continuar de la mano? Otro ejemplo: ¿la mesa de diálogo será un lugar real de transacción y pacto o quedará como un escenario desde el que todos gesticulan para enviar mensajes paliativos o excusas a las respectivas parroquias, los votantes socialistas y los votantes independentistas?
 
La covid ha puesto a los políticos –los de aquí y los de allí– ante una realidad que no puede ser dominada por relato alguno. Las ruedas de prensa ­interminables de la primera etapa de la pandemia evidenciaron este fenómeno. Ahora que ya hemos visto la tramoya, la función se nos hace pesada. Por eso nuestros gobernantes –en Barcelona y en Madrid– parecen, a veces, más inverosímiles que los de Borgen .

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