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Francesc-Marc Álvaro | La foto de la monja
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13 abr 2012 La foto de la monja

La foto de España es hoy una monja de ochenta años que visita los juzgados para declarar sobre un asunto tan sórdido y terrible como el robo de bebés. Sor María Gómez Valbuena se ha convertido en la metáfora castiza y casi perfecta -imagínense un espectador francés, alemán o británico- de un Estado gobernado por una clase política que, hasta hace dos días, quería dar lecciones a los vecinos sobre cómo ir por el mundo y que hoy reza con tanta pasión como Baltasar cuando rogaba para que lloviera en Catalunya. La monja que se niega a declarar es como un presidente de gobierno que huye de la prensa, una estampa impropia de una época en la cual todos los lugares son un escenario y cada gesto es susceptible de ser analizado por millones de personas.

Hay imágenes que refuerzan todos los tópicos: la monja que esconde quién sabe qué secretos inconfesables -presuntamente- es un elemento de la España negra y la España negra conecta muy sutilmente con la posibilidad de que España deba ser finalmente rescatada. ¿Qué idea tiene la Europa septentrional de la seriedad española? Vivimos en un planeta de imágenes que conforman opiniones. Después de las fotografías de los disturbios violentos del pasado día 29, ahora se difunde la fotografía de la religiosa que proviene de un pasado reciente no muy homologable de acuerdo con los principios que inspiran la UE. Entre una y otra foto, la noticia del referéndum de Rasquera también ha dado la vuelta al mundo. ¿Es injusto que la sociedad española sea representada hoy por una monja puesta bajo sospecha? Sí, pero no se puede hacer nada.

¿Existe todavía la España negra? Ustedes mismos. A mí me parece que, hoy, España negra es recortar de manera suicida en I+D mientras no se tocan los sueldos de los funcionarios, o incrementar las inspecciones en las pequeñas y medianas empresas mientras se decreta una amnistía fiscal. Sin contar las estatuas a Franco, ciertos obispos que viven en plena edad media o determinadas actitudes futbolísticas, la España negra no sólo existe sino que ondea con esplendor cuando algún ministro responde las preguntas de los empresarios catalanes con advertencias para meter miedo a los niños.

La monja llamada por el juez es una señal de los tiempos que vendrán. No tardaremos en ver surgir algún milagro -en algún pueblo favorecido por los fondos europeos- que dará sentido a todas las confusiones del Gobierno popular. El nuevo fervor será antieuropeo o no será. No descarten que se haga una nueva versión de las peripecias del Cid y que promocionar los toros sea la gran apuesta cultural. El lúcido Enzensberger afirma que la UE ejerce un dominio blando que se dedica, sobre todo, a reeducarnos. Si miro hacia Madrid, pienso que Bruselas se ha quedado corta y deberá acabar muy pronto la tarea.

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