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Francesc-Marc Álvaro | Banderes als balcons
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06 ago Banderes als balcons

Este diario explicaba, el pasado sábado, que la denominada Marxa cap a la Independència -organizada por la Assemblea Nacional Catalana- está movilizando a miles de personas por todo el país. Asimismo, la última encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat, divulgada a finales de junio, es el primer sondeo oficial que indica que un 51% de los catalanes votaría a favor de la secesión en un hipotético referéndum. El Gobierno español, con muchas de sus decisiones y declaraciones, es el primer impulsor del crecimiento del independentismo entre sectores que, hasta hace poco, se movían en un catalanismo autonomista, federalista o similar. Estamos ante un paisaje político en transformación, lo cual se puede comprobar mediante algunos detalles que quizás no son tan anecdóticos como parecería a primera vista.

Un amigo que se dedica a los tejidos me explica que este verano está vendiendo más banderas independentistas que nunca. La gente las cuelga en los balcones, aprovechando las fiestas mayores o sin necesidad de ninguna efemérides destacada. Este mismo comerciante me decía también que, hace pocos días, entró en su establecimiento un señor de más de sesenta años, un típico ciudadano de orden, y pidió dos estelades. Cuando las tuvo en la mano, dijo: «Ara toca això». El comentario parece una adaptación/respuesta del famoso «Ahora no toca» que el presidente Pujol convirtió en estribillo de muchas de sus ruedas de prensa. «Ara toca això» es una frase que merece atención por parte de las élites que quieran comprender. Sugiere que la etapa del cabreo ya es historia, que estamos en un nuevo escenario. Además, resulta que el comprador de las dos banderas independentistas es hijo de un catalán que -por convicciones- hizo la guerra con las tropas de Franco y que, como oficial del ejército ganador, entró en la ciudad el año 1939.

La complejidad de Catalunya esconde estas sorpresas. Pasan cosas extrañas. Por ejemplo, otro buen amigo, sutil observador de las calles, me informa de que en el mismo balcón donde hace pocas semanas colgaron una bandera española con el toro, para celebrar el brillante éxito de la Roja en la Eurocopa, ahora han colocado una estelada. Hablamos de la misma vivienda, es la misma familia y son dos banderas que definimos como antagónicas. Se excluyen mutuamente.

¿Cuál es el misterio? ¿Padres e hijos con lealtades distintas? ¿Sentimientos superpuestos que cohabitan? ¿Independentismo que quiere integrar una cierta españolidad cultural sin manías? No lo sé. Pero hay que tomar nota de estas paradojas porque describen una sociedad nueva que supera con creces las premisas de la política y las ideologías que hemos conocido. Prat de la Riba no previó este lío.

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