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Francesc-Marc Álvaro | Transformisme d’Iniciativa
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26 ene Transformisme d’Iniciativa

Si Josep Rull dijera un día de estos que la Catalunya que construyó Pujol durante 23 años ha sido un fracaso y un error, pensaríamos que el coordinador general de CDC ha confundido la necesaria y urgente refundación con un escandaloso ejercicio de transformismo. Una cosa es marcar distancias con la familia Pujol y otra es intentar reescribir el pasado. La evolución de un proyecto político que se pretenda creíble debe asumir la historia para superarla, no para taparla. Todo lo contrario de lo que está haciendo la dirección de ICV al enfocar su papel en las municipales en Barcelona. Y ahora no hablamos de un caso hipotético, sino de un hecho real que es noticia: los ecosocialistas y sus socios de EUiA se han sumado a la coalición de izquierdas alternativas, liderada por Ada Colau, que critica de arriba abajo el modelo de ciudad que la misma ICV ha construido de la mano del PSC desde hace más de tres décadas.

ICV tiene un problema de mercado: ha surgido una nueva marca con una vendedora muy popular que dice ser una izquierda más de verdad que ellos. Los puros oficiales se han encontrado unos puros que afirman ser más puros (auténticos, coherentes, cercanos y pulcros) que ellos, ironías de la vida. Ante esto, los de Herrera y Camats podían hacer dos cosas: te enfrentas o te sumas a ellos, si te dejan. Han escogido lo segundo. Sobre el papel, nada que decir. Cada uno intenta sobrevivir como puede, y es comprensible que los dirigentes de ICV -excepción hecha de Ricard Gomà- quieran seguir en el poder, en eso son más humanos que angelicales. Todo esto sólo puede sorprender a quien confunda la política con las hermanitas de la caridad.

El asunto problemático es otro. Al adherirse a la opción que lidera Colau, los ecosocialistas asumen la impugnación general y frontal que la izquierda alternativa que ahora quiere gobernar el Consistorio barcelonés hace del modelo de ciudad que desde 1979 (con el alcalde Narcís Serra) han construido todos los gobiernos de izquierda donde siempre ha estado presente de manera muy protagonista ICV y su antecedente, el PSUC. La Barcelona de hoy -con realidades admirables, mejorables y criticables- es obra suya. ¿ICV puede negarse a sí misma durante la campaña sin que las propuestas de Colau chirríen y sin que los candidatos ecosocialistas queden como unos impostores? El alcaldable Bosch, más realista, no niega el modelo Barcelona, al cual los republicanos también han contribuido desde el gobierno.

El día que se presentó la coalición integrada por Guanyem, Podem, Procés Constituent, Equo e ICV-EUiA, el comunicado conjunto decía, entre otras cosas, que «estamos un paso más cerca de volver a situar Barcelona en manos de sus vecinos y vecinas». Interesante mensaje para los votantes de ICV. Tanto como descubrir que la izquierda de verdad ha dicho ante Trias todo lo que calló al lado de Maragall, Clos i Hereu.

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