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Francesc-Marc Álvaro | Estampes colonials
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04 nov 2016 Estampes colonials

Antes de la independencia de India, los británicos que vivían allí tomaban el té a las cinco como si estuvieran en Londres. El orden imperial parecía inmutable y el ruido del mundo podía taparse con la gramola y un poco de ginebra al anochecer. A diferencia de lo que hicieron los franceses y los españoles en sus respectivas colonias, los ingleses manejaban una épica compensada por un sentido altamente práctico que actuaba –desgraciadamente no siempre– como un freno a la respuesta meramente punitiva del conquistador. Gandhi, que conocía bien la manera de hacer y pensar de los británicos, acertó al plantear una lucha no violenta de masas contra la fuerza imperial. La mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que esta vía no habría resultado eficaz contra otros modelos de colonialismo, porque la reacción violenta por parte del fuerte habría sido más intensa, más sistemática y menos civilizada.

¿De qué manera tomaban el té los hombres del imperio que vivían en Bombay después de 1945? Lo tomaban incómodos y con el corazón en un puño, porque la Segunda Guerra Mundial se había cargado el mapa de colores pintado por los victorianos. Los más inteligentes de aquella clase educada para dirigir el mundo se dieron cuenta de que el afán de libertad de los pueblos era imparable y de que las novelas de Kipling estaban destinadas a documentar una forma de poder que no podía sostenerse. Después de haberse desangrado contra Hitler, la sociedad británica no podía exigir a sus jóvenes que cogieran otra vez el fusil para mantener dentro de la jaula un país que era y es un continente de culturas, religiones y lenguas.

Pensaba en todo eso al leer que, ­anteayer, Esperanza Aguirre dio una charla en el Círculo Ecuestre. Cuentan las crónicas que una persona del público –movida seguramente por el entusiasmo y las buenas intenciones– tomó la palabra para pedir la intervención de la Guardia Civil, para poner punto final al proceso soberanista y para encerrar en prisión a los que haga falta; la propuesta fue muy aplaudida por la concurrencia. Queda perfectamente claro que lo que Colau y Pisarello querían representar en el Born no necesita metáforas porque cuenta –todavía– con la pervivencia de especies locales protegidas. ¿Cómo debe de tomar el té, el café y la ginebra la buena gente que exige que la Benemérita entre por la Diagonal?

El profesor Fradera, experto en historia del imperialismo, ha explicado que el sistema que se impone a mediados del siglo XIX es crear “una legislación de segunda” para las colonias, donde manda el poder ejecutivo de forma arbitraria, mientras en la metrópoli –en cambio– se respeta la separación de poderes y el juego parlamentario. Ayer, el TC decidió avalar la reforma que permitirá que este organismo pueda apartar a los políticos que quiera de sus cargos.

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