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Francesc-Marc Álvaro | Menor, con mal o no
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09 dic 2019 Menor, con mal o no

Todo lo que tiene que ver con la negociación del nuevo gobierno pasa por la vieja y conocida teoría del mal menor. Para Pedro Sánchez, el mal menor es pactar con ERC ante el mal mayor, que sería convocar unas nuevas elecciones generales. Para los republicanos, el mal menor es contribuir a hacer posible el ejecutivo de PSOE y Unidas Podemos ante el mal superior, que sería un escenario incierto donde la derecha posiblemente tuviera oportunidad de cogobernar o de conseguir llegar al poder después de nuevos comicios.
 
Así las cosas, queda claro que el partido de Oriol Junqueras no duda hoy entre el posibilismo (el mal menor) y el “ya se apañarán” (el cuanto peor, mejor). El aterrizaje en el realismo de los herederos de Francesc Macià y Lluís Companys no parece táctico y responde a las lecciones de octubre del 2017. Las dudas tienen que ver con la propia identidad del proyecto de ERC y se pueden resumir así: ¿entenderán los votantes y los simpatizantes del partido independentista más antiguo que este tenga ahora un papel clave en Madrid, tan importante que puede condicionar completamente su recorrido en Catalunya?
 

La política consiste en bailar con quien toca, no con quien te gusta más; Roca ya lo sabía, y Rufián lo ha aprendido

 
Argumentar la conveniencia de esta función de ERC en la política española ante un público al que hace dos años se hablaba de hacer república no es fácil, y argumentarlo con el líder en prisión es todavía más complicado. La paradoja histórica está servida: el nuevo independentismo es una mutación del catalanismo político y pretendía superar, sobre todo, el regateo constante entre la desaparecida CiU y los gobiernos de turno, pero el azar, la demografía y los votos nos recuerdan que Catalunya pesa lo que pesa dentro del Estado. Esta evidencia es el reverso de una afirmación que repite el independentismo y que asume cualquier persona con sentido común: no se puede gobernar España contra Catalunya (ni con-tra la mitad de los catalanes).
 
El mal menor de ERC pasa, pues, por permitir que sea presidente un socialista con tendencia al tacticismo, la frivolidad y una relación nebulosa con sus convicciones. La política consiste en bailar con quien toca, no con quien te gusta más. Miquel Roca ya lo sabía, y Gabriel Rufián lo ha aprendido rápidamente, pero ahora no se trata de resucitar el método pujolista del “peix al cove”. Ahora se trata de influir para conseguir varias cosas al mismo tiempo, según se nos dice: un diálogo a fondo sobre la crisis catalana, impulsar políticas progresistas y, de propina, detener la represión sobre los entornos independentistas. La ambición es grande pero los negociadores republicanos también saben que ahora son más escuchados que hace unos meses.
 
¿Cuál es el ángulo muerto de la apuesta de ERC por el mal menor? La competencia electoral con JxCat, que llegará a su punto crítico cuando se convoquen elecciones autonómicas. Tenemos escrito que los de Junqueras deben mostrarse más convencidos de su apuesta y deben salir a explicarla. Y han de recordar eso que dice un dirigente del PNV: “Los que te silban, no te votan”.

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