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Francesc-Marc Álvaro | Democracia intermitente
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20 dic 2019 Democracia intermitente

El Tribunal de Justicia de la UE ha puesto en su lugar al Tribunal Supremo español. Los quince magistrados que integran la sala consideran que Junqueras tenía inmunidad al ser proclamado eurodiputado y que eso obligaba a levantar la prisión condicional para que el líder republicano pudiera asistir al Parlamento Europeo para los trámites normales de cualquier electo. Si el Supremo hubiera querido mantener la prisión condicional, estaba obligado a tramitar un suplicatorio ante la Eurocámara. La victoria jurídica y política del independentismo es clara, pero habrá que ver qué hacen los jueces del Supremo. ¿Cómo interpretarán y como asumirán esta desautorización?
 
La moraleja de este episodio es muy importante y puede resumirse así: España no puede actuar como un Estado de derecho homologado los lunes, los miércoles y los viernes y como un régimen autoritario y arbitrario los martes, los jueves y los sábados. El Estado español no puede ser al mismo tiempo una democracia y una pseudodemocracia, porque el sistema colapsa inexorablemente. Cuando Rajoy entregó la gestión de la crisis catalana a las instancias judiciales actuaba como un político del siglo XX, que podía ejercer con estilo autárquico. Pero la España del siglo XXI forma parte de la UE y este espacio supraestatal, a pesar de sus problemas y averías, ha generado una cultura política que no tiene nada que ver con la parte más rancia de la cultura política española, muy presente en la cúpula del poder judicial. A diferencia de lo que se hizo en las fuerzas armadas, la esfera judicial no se sometió nunca a ninguna regeneración sistemática.
 

El Tribunal de Justicia de la UE demuestra que la democracia española tiene una doble cara

 
El Tribunal de Justicia de la UE demuestra que la democracia española tiene una doble cara y un carácter intermitente que denigra la calidad del sistema de derechos y libertades que nos hemos dado. España tiene días que mira a Turquía y días que mira a Suecia y, como es lógico, la credibilidad de sus instituciones se acaba resintiendo de ello, empezando por esos órganos que deben interpretar las leyes. Por cierto, es incomprensible que el TC no haya reconocido que la prisión provisional de Junqueras y otros dirigentes ha vulnerado sus derechos como diputados en el Parlament y las Cortes.
 
¿Qué hay detrás de este paisaje? La contradicción insalvable que representa aceptar la existencia de partidos independentistas y, a la vez, negar la posibilidad de que se pueda hacer efectiva una consulta pactada y vinculante para que los ciudadanos de Catalunya voten libremente qué quieren ser y cómo.

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