ajax-loader-2
Francesc-Marc Álvaro | Desescalar y desescalar
6076
post-template-default,single,single-post,postid-6076,single-format-standard,mikado-core-2.0.4,mikado1,ajax_fade,page_not_loaded,,mkd-theme-ver-2.1,vertical_menu_enabled, vertical_menu_width_290,smooth_scroll,side_menu_slide_from_right,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive

06 abr 2020 Desescalar y desescalar

Cuan más complicada es la realidad, más importan las palabras. Mucha gente piensa que es justamente al revés: que ahora los discursos están de más, porque lo que hace falta es acción y, sobre todo, acciones inmediatas y eficaces. Siempre que hay una gran crisis, se nos filtra –por las rendijas del miedo– el menosprecio por el verbo, que es también la desconfianza por las explicaciones que nos dan; si la comunicación oficial de nuestros gobernantes (españoles y catalanes) se pareciera un poco a la que exhibe Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, quizá las palabras serían recibidas con menos apatía. Ahora bien, está probado que las decisiones que funcionan lo hacen mucho mejor si se explican bien y, a la vez, que sólo se puede comunicar de manera solvente lo que se ha decidido (y, por lo tanto, se ha pensado) de modo razonado y bien informado. Hablamos, si les parece, de las palabras relacionadas con la gestión política de la Covid-19. El Gobierno ha bautizado como “fase de desescalada” la fase “de transición” del estado de alarma, un escenario que se prevé que empiece “en pocas semanas”, marcado por la vuelta escalonada a una cierta normalidad, y un eventual relajamiento de las medidas más duras. La expresión me ha llamado la atención. Antes, hasta hace muy poco, el verbo “desescalar” aplicado a la política, en España, sólo se utilizaba para hablar de Catalunya, del proceso soberanista y de la situación posterior a la declaración unilateral de independencia, el 155, la cárcel, el exilio y la condena de los dirigentes independentistas dictada por el Tribunal Supremo. Decíamos y escribíamos cosas como “hay que desescalar para encontrar una salida” o “sin desescalar no podremos hablar del problema de fondo”. Se esperaba que la mesa de diálogo de gobiernos (parece que mencione algo de cien años atrás) fuera la gran oportunidad para que la desescalada del procés pasara de la mera expresión de buenas voluntades a una concreción lo más tangible posible.

La agenda ha cambiado de golpe. La crisis del coronavirus ha congelado y arrinconado (iba a escribir “se ha comido”, pero sería falso) la crisis del procés . La dimensión y el alcance global de los hechos mandan. No obstante, siempre hay algo que nos recuerda que, antes de la pandemia, teníamos muchos asuntos pendientes. La pasada semana, la Sala de lo Penal del Supremo se reunió telemáticamente para dar un aviso previo –método insólito– destinado a los funcionarios concernidos: estos podrían ser acusados de prevaricar si interpretaban la normativa en el sentido de permitir que los presos independentistas –y otros de segundo grado– pasaran el confinamiento en su hogar, como ya se aplica a los de tercer grado. La agenda ha cambiado, pero hay actitudes que no cambian a pesar del momento excepcional.

Ciertos entornos de poder no contemplan que este verbo pueda aplicarse al ‘procés’

Mientras esperamos desescalar pronto con respecto al confinamiento, se confirma que ciertos entornos de poder no contemplan ni de lejos que el mismo verbo pueda aplicarse al procés . La palabra venganza sigue fascinando mucho a algunos.

Etiquetas: