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Francesc-Marc Álvaro | Cioran en Nissan
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29 may Cioran en Nissan

Según algunos expertos, la globalización tenía que acabar con los estados nación clásicos. Va a ser que no. ¿Quién dijo que el dinero no tiene patria? El cierre de la factoría de Nissan de Barcelona no se entiende sin el papel del Estado francés en la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi. La lógica global no ha eliminado los intereses vinculados a esas fronteras que insistimos en repetir que no existen o existen menos. Los sindicalistas franceses les dirán a sus colegas de aquí que cada palo aguante su vela, mientras sus homólogos británicos respiran aliviados porque la planta de Nissan en Sunderland ha sido indultada, un regalo inesperado también para los partidarios del Brexit.

No creo que a los señores Makoto Uchida y Gianluca de Ficchy, principales responsables de la movida, les impresione que se recuerde ahora la larga tradición del sector automovilístico en Catalunya, con todo su corolario de conocimiento tecnológico y capacitación laboral. Frank Torres, el ejecutivo elegido para echar el cierre, ha soltado una frase que sintetiza el todo y la nada de este problema: “No es una decisión fácil, pero los desafíos globales la han provocado”. El populismo de Trump triunfó, entre otras cosas, porque a la mayoría de personas que se quedaron sin empleo alguien les dio la brasa con “los desafíos globales”, a modo de excusa. A partir de ahí, el vendedor de crecepelos que llegó a la Casa Blanca solo tuvo que lanzar una idea: “América primero”. Simple pero pegadiza, como la canción del verano. Cuidado: alguien va a querer sacar partido del comprensible cabreo de los hombres y mujeres de la Zona Franca, Montcada i Reixac y Sant Andreu de la Barca que, de un día para otro, se quedan en la calle.

Ni Colau, ni Torra, ni Sánchez transmiten, a la gente de Nissan, algo parecido a la confianza

Emil Cioran, el rumano que inventó la autoayuda inversa para placer de los escépticos, está siendo reeditado en castellano por Tusquets, con gran sentido de la oportunidad. En el ensayo En las cimas de la desesperación , hay un mensaje encriptado para los políticos (barceloneses, catalanes y españoles) que se ven desbordados por el drama de Nissan: “La nostalgia revela el significado demoniaco del tiempo, el cual, a través de las transformaciones que realiza en nosotros, provoca implícitamente nuestra aniquilación”. Nostalgia, ocurrencias, reproches cruzados y rostros de pasmo son el retablo de la impotencia política. Siento tener que escribir esto: ni Colau, ni Torra, ni Sánchez transmiten, a la gente de Nissan, algo que se parezca a la confianza.

Atentos, pues, a los mercachifles de la esperanza. Están al acecho.

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