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Francesc-Marc Álvaro | Estatues de negreros
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12 jun Estatues de negreros

Mi ciudad tuvo también sus negreros. Lo explico ahora que son derribadas, en Estados Unidos y el Reino Unido, las estatuas de los que se hicieron famosos gracias a traficar con personas, un negocio que también tuvo seguidores reputados en Catalunya. Hablaré de un traficante de esclavos de Vilanova i la Geltrú que no tiene estatua pero que, si la tuviera, ya estaría sentenciado.
 
El historiador Albert Tubau, que es también vilanovés y amigo mío, explica que uno de los más destacados negreros de la capital del Garraf fue Ramon Rovirosa Urgellès, que había comprado, con otros socios, un bergantín para el tráfico de esclavos. Según Tubau, “traficó con esclavos entre Congo y Brasil entre 1845 y 1862”. También hemos podido saber que “otro Rovirosa estaba establecido en Brasil, de manera que, en un determinado momento, la red familiar controlaba los vértices del triángulo comercial entre la costa africana, Brasil y ­Cuba”. Si el tal Rovirosa tuviera monumento, yo votaría que fuera retirado y fuera recolocado en un lugar –un museo, por ejemplo– donde sirviera para explicar a los escolares que La Habana Xica tuvo también una cara muy fea.
 

Retirar estatuas que enaltecen el racismo es y será un proceso imprescindible

 
La costa catalana cuenta con localidades de larga tradición de emigración y comercio con América, sobre todo con Cuba. ¿Cuántos de los indianos o americanos (las dos denominaciones se utilizan) que conocemos por sus donaciones filantrópicas al lugar donde habían nacido tuvieron relación con la esclavitud y el tráfico de personas? El asunto es apasionante, y va más allá de las peripecias de Antonio López, el primer marqués de Comillas, que dispuso de estatua y plaza hasta marzo del 2018, cuando el Ayuntamiento de Barcelona –a raíz de las demandas de varias entidades– echó de las calles y del nomenclátor todo lo que recordaba a este personaje.
 
Entiendo que retirar estatuas que enaltecen y perpetúan el racismo es y será un proceso imprescindible. El asesinato del afroamericano George Floyd ha puesto en marcha un cambio global que tiene que ver con la justicia y con la gestión del dolor acumulado por millones de personas. Pero habrá que establecer criterios para no transformar esta ola de dignidad en un exorcismo arbitrario y compulsivo. Estos días, están recibiendo también algunas estatuas de Colón, y hay sectores que exigen la retirada de la estatua imponente de Winston Churchill ante el Parlamento británico, que recuerda al líder que combatió (con todas sus fuerzas) y derrotó al racista más peligroso y letal de todos los tiempos, Adolf Hitler.

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