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Francesc-Marc Álvaro | Gente muy bromista
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19 jun Gente muy bromista

En el vídeo –que circula por las redes– se ve a un hombre que, a cara descubierta, dispara contra cinco dianas con los rostros de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Irene Montero, Fernando Grande-Marlaska y Pablo Echenique. Fuentes oficiales han dicho que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado “han abierto una investigación” y han añadido que la Abogacía del Estado presentará una denuncia a la Fiscalía. El Ejecutivo español considera que “hechos así alimentan a los sectores más ultras de la sociedad que pretenden destruir valores esenciales de nuestra democracia y de nuestra Constitución, como son la convivencia y el respeto absoluto de la pluralidad política”.

Si la Fiscalía quiere ser coherente, a los autores de este inquietante vídeo no les pasará nada, y se harán un hartón de reír. El precedente es reciente. El 21 de abril del año pasado, en la localidad sevillana de Coripe, durante la fiesta –“de interés turístico nacional”–conocida como la Quema del Judas, se tiroteó y quemó un muñeco que representaba a Carles Puigdemont. En las imágenes de ese show, se veía una multitud encantada de ejecutar –simbólicamente– la figura de alguien que muchos catalanes habían votado. Se lo pasaban tan bien como el individuo que ahora aparece disparando a las fotos de Sánchez y varios ministros. La Generalitat denunció al alcalde de Coripe por un delito de incitación al odio. Era lógico: está fuera de discusión que, si disparas contra el monigote que evoca a una determinada persona (o contra su fotografía), estás dando un mensaje inequívoco, y no es precisamente de paz y de amor.

Si la Fiscalía quiere ser coherente, a los autores del inquietante vídeo no les pasará nada

La Fiscalía archivó la denuncia de la Generalitat. El fiscal argumentó que no había caso porque “en ningún momento se hizo referencia ni a la ideología ni al lugar de residencia del personaje” y consideró que la situación no tenía nada que ver con el Govern porque se trataba del muñeco de “un ciudadano que se encuentra en la actualidad fugado de la justicia española y al que se le atribuyen gravísimos delitos”. La argumentación del ministerio público recordaba que, en esa tradición, se elige siempre un personaje que represente “el mal”. Ese día, la Fiscalía legitimó la práctica libre del “a por ellos”, sin manías. Un fracaso –uno más– del Estado de derecho.

Hoy, la pantomima siniestra del “a por ellos” no es contra Puigdemont sino contra el jefe del Gobierno y algunos políticos destacados del PSOE y Podemos. La Fiscalía fijó que eso no es delito de odio. Sólo es buena gente, muy bromista y muy tradicional, hay que decirlo.

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