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Francesc-Marc Álvaro | Niall, hazlo por mi
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28 jul Niall, hazlo por mi

Los extranjeros, sí; los nativos, no. Nosotros, mejor en casa, y ellos, a pasear. He llamado a mi amigo Niall McGowen, irlandés siempre añorado del sol mediterráneo. Después de escuchar la rueda de prensa que dio ayer el president Torra, lo he tenido claro: “Niall, déjalo todo y ven, olvídate de Malta y de Creta, Catalunya te espera con los brazos abiertos”. El irlandés –hijo de una familia de Cork de las que habían tenido tratos con los españoles que frecuentaban esas costas hace tres siglos– no daba crédito: “¿Es seguro venir ahora, pues?”. Un momento de vacilación pero, finalmente, le reiteré que todo estaba “bajo control”; quizá influyó en mi determinación el hecho de tener algunos parientes que se dedican a la cosa del turismo y la restauración.
 
Parece que el bueno del Niall y su mujer se fían mucho de mi palabra y la de Torra: mejor unos días de riesgo en la Costa Daurada –me dice– que tener que aguantar las manías del suegro en Tipperary, ciudad del interior que no es precisamente el lugar más excitante de la república para veranear. Si mi amigo fuera habitante de Derry o de Belfast –en los condados de la isla bajo soberanía británica–, lo tendría más complicado, vistas las duras medidas dictadas por las autoridades de Londres para aquellos que quieran pasar unos días en España.

Después de la rueda de prensa de ayer de Torra, lo he tenido claro: “Niall, déjalo todo y ven”

Pero la felicidad no será completa. Cada verano, Niall, que es un showman de gran calibre, nos regala sus canciones tradicionales, que nos hacen llorar y reír, mientras nos vamos pasando el vino, el cava, la cerveza y esa malvasía de Sitges que le vuelve loco. Esto ocurre siempre en la víspera de la Asunción de María, en el patio que tiene otro amigo en un rincón que evoca el campo lejano, un espacio donde todavía se oyen los pájaros y el cielo huele a jazmín y a espliego. Allí nos reunimos quizá una cincuentena de almas, sin otro objetivo que con­vocar a los muertos y a los vivos que viajan a caballo entre las baladas del irlandés y otros músicos. Este año, no habrá cita.
 
Niall, hazlo por mí: visita la Sagrada Família, que es una actividad permitida. Ya sé que fuiste hace muchos años, pero ahora podrías repetir y, de paso, una vez dentro del templo de Gaudí, rezar por todos nosotros, pecadores que no acabamos de entender la lógica de las reglas para frenar la pandemia, aunque sabemos que son imprescindibles. Al salir, llégate paseando hasta la explanada frente al Macba, allí donde los patinadores y los jóvenes guiris que se reúnen –la mayoría sin mascarilla– demuestran que todo se reduce a un asunto de fe.

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