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Francesc-Marc Álvaro | Enmienda parcial de ERC
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13 sep 2020 Enmienda parcial de ERC

No puede ser fácil ni cómodo, pero es indispensable: la autocrítica independentista del procés , que ya ha empezado y merece ser escuchada. Oriol Junqueras y Marta Rovira proponen ahora su revisión de los hechos en un libro breve – Tornarem a vèncer (I com ho farem) – que es también la “propuesta estratégica” republicana para los nuevos tiempos y las próximas elecciones. Aprovecho para decir –una vez más– que es significativo que no haya autocrítica hecha por dirigentes del PP y del PSOE o por periodistas de Madrid ni figuras destacadas del poder estatal.
 
Junqueras y Rovira ofrecen un diagnóstico que abjura del “cuanto peor, mejor” y que representa una enmienda parcial pero clara del procés . Es un ejercicio valiente y honesto, una rectificación del procedimiento, no del objetivo. Hay dos ideas que presiden su reflexión: el independentismo necesita más musculatura social y, sobre todo, debe crecer en las grandes ciudades metropolitanas. Lo resumen así: “Siendo mayoría, es muy difícil conseguir la independencia democráticamente. Sin ser mayoría, es imposible”. Puro sentido común, lástima que no se escuchara a los que avisaron de estas obviedades
 

Junqueras y Rovira abjuran del “cuanto peor, mejor” en su autocrítica del ‘procés’

 
La principal lección que extraen Junqueras y Rovira del procés es que la complejidad de Catalunya es superior a la que habían previsto. Sobre esto debería girar el debate de fondo del independentismo a partir de ahora, también entre esos que –como JxCat y la ANC– todavía no quieren abrir el melón de la autocrítica. Ahora bien, para bucear esta complejidad haría falta revisar una estrategia que es el gran motor de ERC: la conversión de ciudadanos metropolitanos al independentismo mediante “la ejemplaridad” y “el buen gobierno”. No solo porque gobernar con eficacia es siempre complicado (que se lo pregunten a los consellers de Salut y de Treball i Afers Socials) sino también porque los republicanos siguen subestimando el peso de las lealtades de una parte de la población catalana a la idea de España. Dicho de otro modo: en ningún lugar está escrito que la gestión eficiente fabrique automáticamente partidarios de la secesión, aunque ERC crezca en votos en el cinturón rojo.
 
También sorprende que la violencia no merezca una reflexión más detallada de Junqueras y Rovira, más allá de constatar que fueron ingenuos por pensar que “no serían capaces de llegar a estos extremos contra un movimiento estrictamente pacífico y democrático”. Otros aspectos clave, como la imposibilidad de hacer efectiva la desobediencia desde la tecnoestructura de la Generalitat, no pasan por su cedazo.
 
A la hora de hacer propuestas, Junqueras y Rovira apuestan con buen criterio por mantener la vía de un referéndum pactado a la escocesa (que parece que se da por hecho que no se puede perder). Pero tampoco renuncian a un escenario unilateral, si Madrid aparcara la cuestión sine die. Este doble carril (el mismo de antes de octubre del 17) se entiende como mecanismo de presión, pero plantea un gran problema: apuntala la promesa del momentum y la creencia en una independencia “por desbordamiento”, que precisamente son los mensajes-fuerza de los competidores de ERC, Puigdemont y los cuperos.

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