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Francesc-Marc Álvaro | Viajes en el tiempo
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01 dic 2020 Viajes en el tiempo

Que el tiempo podría ser como una puerta giratoria es cosa que hemos sabido siempre sin necesidad de ser fans de teleseries como Doctor Who o El ministerio del tiempo . Que Joan Laporta vuelva a optar a presidir el Barça nos hace sentir al mismo tiempo más jóvenes y más viejos: jóvenes porque en el 2003 –cuando ganó las elecciones– todavía lo éramos y viejos porque nos hemos bebido diecisiete años de un solo trago y hemos asumido –como decía el poeta– que “la vida iba serio”. ¿Se puede rebobinar? ¿Se puede regresar al pasado? ¿Se pueden repetir “los mejores años de nuestra vida”? No se lo pregunto a Laporta, me lo pregunto yo y, de paso, a ustedes, queridos lectores. ¿Se puede pisar la Luna dos veces?
 
El año 2003 fue un momento de grandes cambios. Una sacudida. Unos meses después de que Laporta llegara a la presidencia del Barça contra todos los pronósticos (se dijo que aquello había sido “una derrota de los instalados”), se constituyó un gobierno de izquierdas en la Generalitat (conocido como tripartito) después de veintitrés años de presidencia de Pujol. Aires nuevos. Pasqual Maragall, con el apoyo de republicanos y ecosocialistas, demostró que la alternancia en Catalunya era posible, aunque había tardado. Y Laporta levantó la bandera de una nueva generación.
 

Que Laporta vuelva a optar a presidir el Barça nos hace sentir más jóvenes y más viejos

 
Se repartían cartas y el lenguaje cambiaba. Después de los comicios generales del 2004, celebrados en medio de una gran conmoción por los atentados yihadistas de Madrid, Zapatero llegó a la Moncloa. Aznar quedaba atrás y algunos intentaban hacer real aquel eslogan del Mayo francés: “La imaginación al poder”. Inicialmente, el laportismo proveyó a la sociedad catalana –una parte activa de ella– de un relato optimista que rehuía la resig­nación y el fatalismo. El primer Laporta parecía tener la llave de un éxito que trascendía los anhelos de los culés, ­había dado con un estilo que sugería una catalanidad feliz, moderna y descarada.
 
Laporta vuelve. Pero no hay semejanza con el 2003. Nos hemos hecho mayores y hemos descubierto que no es suficiente con la imaginación, eso es condición necesaria, pero no suficiente. Hoy, la máquina del tiempo nos podría llevar a 1975 o 1976, cuando oí por primera vez la expresión “ruido de sables”. Más de setenta mandos del Ejército de Tierra en la reserva han firmado una carta al Rey en la cual, copiando la fraseología de Vox, cargan contra el Gabinete de Sánchez y hablan de “deterioro” del país y de “descomposición de la unidad nacional”. Gracias a este personal me siento como un niño que mira el funeral de Franco por la tele.

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