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Francesc-Marc Álvaro | De primera o de segona
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22 dic 2020 De primera o de segona

La buena gente de Twitter está muy preocupada por la verdad, como los curas, los filósofos y los árbitros de fútbol. Ahora ha anunciado que el año que viene –a la vuelta de la esquina– se dedicará a eliminar los tuits que contengan información errónea sobre las vacunas. Hace unos meses, esta red social ya prohibió la difusión de mensajes falsos, engañosos o peligrosos sobre la Covid-19. El contexto de la pandemia ha movido esta compañía a perseguir los materiales que pueden alimentar teorías conspiratorias y visiones deformadas de la crisis sanitaria. Supongo que el argumento para aplicar este control –alguien lo llamará censura– es que la salud pública está en peligro.
 
Pero noticias falsas y opiniones sin fundamento que pueden poner en peligro la vida colectiva –la salud física, mental y moral de las personas y las sociedades– las hay de todo tipo, no solo sobre el coronavirus o sobre las vacunas. Y las encontramos en Twitter, en otras redes, en algunos medios y –atención– de manera desbocada en los chats de amigos, compañeros de trabajo, padres de la escuela o colegas del gimnasio. En los chats de WhatsApp, a menudo, la verdad se convierte en algo parecido a un monigote de trapo de esos que los perros usan para jugar
 

¿Por qué Twitter se limita a eliminar las mentiras sobre la Covid-19 y las vacunas?

 
¿Por qué Twitter se limita a eliminar las mentiras sobre la Covid-19 y las vacunas? Cuesta de entender, si tenemos presente que hay toneladas de falsedades sobre varios asuntos potencialmente explosivos (inmigración, violencia contra las mujeres, vivienda, educación, medio ambiente…) que pueden desembocar en situaciones altamente conflictivas. ¿Cuál es la conclusión? Según los directivos de Twitter, hay mentiras de primera y de segunda, una clasificación tan arbitraria como cualquier otra. Por ejemplo, no me parece más aceptable una campaña que criminalice a todo el que tiene segunda residencia (servidor no tiene, aviso) que una que criminalice a los médicos que recomiendan vacunarnos. Hay que hilar muy fino. El populista que repite que frenará fácilmente la llegada de inmigrantes no es menos peligroso que el iluminado que proclama que el coronavirus se puede tratar con plantas medicinales y dióxido de cloro. Twitter no controla –no censura– los tuits que emiten partidos que niegan por sistema datos evidentes. Por cierto, la monja-médica contraria a las vacunas apareció, en su día, en muchos medios, también los públicos.
 
Un control de la mentira a medias es el peor de los caminos. Porque hace buenos todos los tuits que, a pesar de ser fraudulentos, no están expresamente prohibidos.

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