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Francesc-Marc Álvaro | Batalla por la autenticidad
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28 dic 2020 Batalla por la autenticidad

El candidato será auténtico o no será. Cuanto más compleja se hace la realidad, más tentados estamos de caer en la simplificación, que es una máquina de entusiasmo. En medio de una situación delicada –por la pandemia y el postprocés – parece que la distancia entre el discurso y los hechos tendría que ser poca, para todos. Si esta premisa fuera indiscutible, la próxima campaña catalana sería una función regida por un esfuerzo de claridad y enfriamiento del sesgo emocional. Pero nada garantiza que las cosas se desarrollen así, la situación de los presos políticos no ayuda.
 
Los comicios de diciembre del 2017 estuvieron marcados por el trauma colectivo posterior al 1-O, el 155, y la prisión y el exilio de los dirigentes del procés . Aunque estamos en un clima muy diferente al de entonces, y aunque las preocupaciones vinculadas a la Covid-19 impregnan nuestras actitudes, podría pasar que el 14-F fuera la batalla por la autenticidad. Dentro del bloque independentista, JxCat ha dado bastantes pistas sobre su argumento principal: nosotros encarnamos la autenticidad del procés y os pedimos que nos otorguéis la confianza para culminarlo; que Puigdemont sea nuevamente el cabeza de lista refuerza este relato. En el otro bloque, Cs intentará frenar el trompazo presentándose como la marca más auténtica contra los secesionistas.
 

El 14-F nos dirá si una mayoría de catalanes está dispuesta a pinchar la burbuja del narcisismo paliativo

 
ERC y el PSC tienen un problema parecido. Los republicanos y los socialistas deben hacer llegar a los electores un mensaje que sea lo bastante atractivo para anular la pregunta sobre la autenticidad en beneficio de otra cuestión, más potente. Para los de Iceta, eso es más fácil: se trata de vincular su oferta a la estabilidad, la seguridad y una cierta normalización, en conexión con el Ejecutivo de Sánchez. En cambio, Aragonès deberá salpimentar su posibilismo con algún guiño a los electores que dudan (esta vez son muchos) entre ERC, JxCat y la CUP.
 
El filósofo Byung-Chul Han escribe que “la presión para ser auténtico conduce a una introspección narcisista, a ocuparse permanentemente de la propia psicología”. Si lo trasladamos a nuestro caso, resulta que el independentismo que dice ser más auténtico tiene escasas posibilidades de captar votantes fuera del bloque, ahí no llega, vive ensimismado. En La desaparición de los rituales , este pensador coreano explica que “la cultura de la autenticidad acarrea una desconfianza hacia formas ritualizadas de interacción. Solo son auténticos los sentimientos espontáneos, es decir, los estados subjetivos”. Eso explica la dinámica de JxCat en Madrid, contraria a las servidumbres de los acuerdos con el Gobierno, que presenta siempre como sospechosos y, por lo tanto, incompatibles con la autenticidad y pureza que desea proyectar.
 
La comunicación digital –dice Han– está dominada por las pasiones y genera una política emocional. La retórica solemne del “todo o nada” crece en este sustrato. Ahora bien, la política “es razón y mediación”, conviene recordarlo. Las elecciones de febrero nos dirán si una mayoría de catalanes está dispuesta a pinchar o no –finalmente– la burbuja del narcisismo paliativo.

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