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Francesc-Marc Álvaro | Gobierno barroco
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28 feb 2021 Gobierno barroco

La manera de hacer el sofrito para tener nuevo Govern me lleva a pensar en el barroco. Se anuncia la voluntad de tener un ejecutivo de vía amplia, se hacen reuniones con unos y otros, aparecen los vetos, la vía se vuelve más estrecha, se repiten las buenas intenciones, hay más reuniones y, en unos días, lo que salga, muy recubierto todo con la purpurina de las grandes palabras. Es un barroco que ha sustituido la madera por el plástico. La culpa de estos malos pensamientos es de Raül Garrigasait. He leído su País barroc –un híbrido aguzado de ensayo y memorias– y me parece que –sin él saberlo– ha definido la política de esta hora.
 
Hablando del santuario del Miracle, el escritor de Solsona nos da la clave para entender el problema: “El retablo barroco dice que para brillar hay que esconder la materia, hay que disimularla bajo todo tipo de exuberancias, como si nos molestara; pero al mismo tiempo acumula todo un bosque, como si hubiera que amontonar la madera para asegurarse de que hay algo debajo, y quizá de tanto amontonar y de tanto dorado acaba haciendo evidente que dentro de toda esa materia hay algún tipo de insuficiencia, un vacío inquietante”. A más gesticulación, menos sustancia. Hay quien pensaba que después del 14 de febrero quizá se aparcaría el barroco. Por ahora, no. Garrigasait nos recuerda también que “aquel barroco era una insurgencia que había que eliminar”, a ojos de los funcionarios de la dominación borbónica. La historia como noria a la que estamos atados. El barroco como estorbo y amenaza.
 

Es la bestia que llevamos dentro; agarrada al cálculo y al sueño

 
Los dirigentes de ERC regresan al retablo barroco acompañados de sus homólogos de Junts y la CUP. Disonancias, como las que se detectan en el retablo del Miracle. No importa. El novecentismo ordenado de Pere Aragonès no puede oponer resistencia a ello, es la bestia que llevamos dentro. Agarrada al cálculo y al sueño. En mi ciudad, un anarquista angelical, Ricard Mestre, en 1936, salvó el retablo barroco de la Geltrú con unas palabras mágicas: “Todo esto es arte y, desde ahora, será arte del pueblo”. Apagaron la hoguera en el último minuto. Seamos barrocos de veras: en Interior, un conseller de la CUP. Venga.

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