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Francesc-Marc Álvaro | El ridículo y la rama
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04 abr 2021 El ridículo y la rama

Yerra el tiro el independentismo catalán cuando señala el ridículo monumental que destiló la retransmisión que TVE hizo del partido entre las selecciones nacionales de España y Kosovo el pasado miércoles. Los encargados de la tarea aplicaron a rajatabla y con denuedo la consigna gubernamental de evitar referirse al rival del equipo español como la selección de Kosovo o de la República de Kosovo, Estado europeo que España no quiere reconocer oficialmente, una decisión en clave puramente interna para evitar cualquier eventual paralelismo con la situación de Catalunya o del País Vasco. Por cierto, que la cadena pública española ejerza periodismo de Estado sin filtro no parece haber molestado a los que habitualmente acusan a TV3 de ser un canal proseparatista.
Pero volvamos al meollo de la cuestión. Todos los nacionalismos de Estado, llevados a su máxima expresión, resultan ridículos, cuando no peligrosos. Por ello se la trae al pairo al presidente Sánchez, a su ministra de Exteriores y a  
los responsables de este espectáculo que los independentistas, los kosovares y cualquier persona con sentido común subraye que silenciar el nombre de un país obsesivamente o escribirlo con minúsculas es algo estúpido y una expresión de debilidad en el concierto internacional. Porque el ridículo, en estos shows, siempre está descontado, va unido a las inseguridades enfermizas del na­cionalismo español, llegando a veces a la autoparodia; baste recordar la retórica que usó el gobierno de Aznar cuando ordenó, en julio del 2002, la operación militar sobre la isla de Perejil, que había sido ocupada por soldados marroquíes.
 

Silenciar obsesivamente el nombre de un país es algo estúpido

 
Tener un Estado es también hacer tranquilamente el ridículo para recordar precisamente que lo tienes. El negocio funciona así. Ahora bien, España, en estas lides, se aplica como nadie, haciendo honor a sus hijos más ilustres, caso de Valle-Inclán, Berlanga o Francisco Ibáñez. En Madrid –parece mentira– aún no han leído bien al liberal Isaiah Berlin: “Si la rama del nacionalismo se dobla hacia atrás debido a estrategias centralizadoras, la rama se liberará y volverá a su posición inicial”. Ahí estamos.

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