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Francesc-Marc Álvaro | Giró y el arte de la prudencia
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24 may 2021 Giró y el arte de la prudencia

El fichaje de Jaume Giró, periodista con larga experiencia como altísimo directivo de La Caixa y su entorno, ha descolocado a todo el mundo, comenzando por muchos dirigentes, militantes y votantes de Junts, el partido que lo propone para conseller de Economia. Con el léxico de moda, se diría que Giró se ha convertido en un “factor disruptivo”. En los ochenta, se habló mucho del llamado “punto G de la sexualidad femenina” y ahora toca hablar del “punto G del Govern Aragonès”. En el caso de Giró, no se trata de algo discutible: su habilidad para moverse entre los que cortan el bacalao está acreditada.
 
Que sea un independiente y provenga del sector privado no significa que vaya a tener un perfil técnico. No tengo duda alguna de que Giró será un peso político del nuevo Gabinete autonómico, pues –como él mismo ha recordado– no se trata de un académico ni de un tecnócrata al que ponen ahí para cuadrar las cuentas. El nuevo titular de Economia lleva muchos años haciendo política –en el mejor sentido– desde sus responsabilidades como hombre de empresa, moviéndose entre bambalinas en Barcelona y Madrid, hablando con unos y otros, descodificando lenguajes y trazando mapas del poder real. Calificarlo de relaciones públicas es quedarse corto: Giró siempre ha sido un político, pero hasta hoy no se ha lanzado a la arena pública. Otra cosa –atención– es que su acomodo en el Govern sea más o menos fácil, o que su voz, en relación con el complicado espacio de Junts, tenga más o menos recorrido. Eso ya se verá.
 

El conseller económico será un peso político del nuevo Govern que presidirá Aragonès

 
Ferran Casas ha escrito en Nació Digital sobre la operación Giró que “el nombre es el mensaje”. Cierto, un mensaje muy potente. Pero también es un mensaje ambiguo, ambivalente, poliédrico, como ya se ha notado por las reacciones suscitadas. Más allá de la unanimidad sobre su valía profesional, el resto de opiniones son de lo más contradictorio. Del nuevo conseller económico se dice una cosa y la contraria: que es la mano del Ibex 35 en el Govern y que es la imagen perfecta de la centralidad del independentismo; que representa a la derecha económica y que encarna la transversalidad; que transmite confianza a las elites más escépticas y que dejó resquemores en algunos despachos… Nada más convergente que la ambigüedad. Ni nada más útil en según qué cargos. Tal vez una de las ventajas de Giró es que cada uno puede ver en él lo que quiera y que, de algún modo, puede proyectar varias cosas a la vez. Es lo que ocurre con los que gustan de navegar incluso con mal tiempo. Pagaría por ver cuando Giró negocie con los cuperos, que consideran que tiene “tendencias económicas neoliberales”, o cuando lo haga con Illa, que cuestiona que esté en un Gabinete “progresista”, como si la ministra Calviño fuera trotskista.
 
El aterrizaje de Giró –experto en comunicación de crisis y estrategia reputacional– me hace pensar en Baltasar Gracián, que en su Oráculo manual y arte de prudencia expone que “las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen; son raros los que miran por dentro, y muchos los que se contentan con lo aparente”. En el siglo XVII, ya estaba claro que la política es un combate de sombras.

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