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Francesc-Marc Álvaro | Lecciones de vuelo gallináceo
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13 sep 2021 Lecciones de vuelo gallináceo

El sainete sobre la ampliación del aeropuerto nos regala algunas lecciones sobre las dificultades enormes de la política para poder despegar, en Catalunya y en el conjunto de España. Varios de nuestros gobernantes quieren ser como un Lockheed SR 71 Blackbird pero, a la hora de la verdad, les sale un vuelo gallináceo y acaban gesticulando como pueden, a veces como pollos sin cabeza. Desde el acuerdo entre el Govern y el Ejecutivo español anunciado el 2 de agosto, el despropósito ha sido considerable y aparece una sospecha: quizá en la Moncloa y en Palau han querido hacer una gran jugada maestra y les ha salido el tiro por la culata. Ya fue extraño que un asunto tan importante se divulgara cuando el foco estaba puesto en la primera reunión bilateral Estado-Generalitat en tres años. Analizamos las lecciones de esta comedia de enredos en que se sortea una inversión de 1.700 millones, presentada con una escenografía demasiado próxima al clásico Bienvenido, Mister Marshall.
 
Primera. Sánchez tiene controladas las discrepancias con los socios podemitas (siempre con sordina) y puede soportar sin inmutarse la foto de la vicepresidenta Díaz con la alcaldesa Ada Colau paseando por La Ricarda. En cambio, Pere Aragonès debe trabajar de lo lindo para evitar que las desavenencias con Junts (o con la CUP) tapen con un ruido excesivo su gestión.
 

Esquerra vive demasiado pendiente de la CUP y los comunes

 
Segunda. Los socialistas no tienen sorpresas en el mundo local metropolitano, que controlan. Mientras, las bases de ERC han desconfiado siempre de la ampliación del aeropuerto y no han querido dejar en manos exclusivamente de los comunes y los cuperos la bandera del medio ambiente; también hay cargos locales de Junts que han expresado sus reticencias. Tercera: los republicanos quieren una cosa y su contraria. Se han vestido el traje del posibilismo institucional pero no tienen intención de renunciar a las ganas de hacer política llevando una pancarta. Esquerra quiere ser el gran partido del independentismo (y eso implica ser una fuerza de orden) pero vive demasiado pendiente de lo que dicen anticapitalistas y comunes en relación a la agenda social. En Madrid, ERC sigue apostando por la estabilidad.
 
Cuarta: ¿Quién engaña a quién? ¿Sabía o no el Govern lo que implicaba de veras el proyecto de Aena? Las versiones de los implicados no concuerdan. ¿Es un malentendido o una rectificación por miedo a ser impopulares? Los agentes empresariales señalan al Gabinete catalán como principal responsable de que Madrid se eche atrás. ¿Se puede hablar de una trampa puesta por Sánchez a Aragonès o es, más bien, un aviso para recordar que no se puede repicar e ir a la procesión? Mientras, el pacto Colau-Collboni lo resiste todo.
 
Y quinta: todo eso sucede la misma semana que Aragonès visita al presidente valenciano Ximo Puig, para normalizar las relaciones. Buena sintonía. Se emiten señales en todas direcciones, por si acaso.

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