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Francesc-Marc Álvaro | Empacho de política virtual
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04 nov 2021 Empacho de política virtual

La mayoría de los ciudadanos de Catalunya no lo saben ni les interesa, pero se han celebrado, hace poco, unas elecciones para elegir a los miembros de la llamada Assemblea de Representants del Consell de la República, organismo que, en teoría, surgió para coordinar las estrategias del independentismo y que, hoy en día, solo Junts ve como una plataforma útil. ERC y CUP se han desmarcado de estos comicios, en los que Carles Puigdemont ha sido el más votado y casi todos los escaños reservados a cargos electos han quedado en manos de su partido. Este Parlamento simbólico, formado por 121 miembros, ha sido escogido por 22.584 personas, de un total de poco más de 87.000 que podían votar. El empacho de política virtual ha tocado techo en Catalunya.
 
Desde el exilio, Puigdemont no ha encajado muy bien las críticas sobre la escasa representatividad de este organismo y de estas elecciones, acontecimiento para el autoconsumo de los junteros. El expresident ha replicado en un tuit: “Tienen razón: tiene sesgo partidista, no es transversal y no representa al conjunto del independentismo, que es mayoritario en el Parlament de Catalunya (¿estaban hablando de la mesa del diálogo, no?)”. El líder del partido socio de ERC en el Govern (institución real) contrapone un ente virtual como la Assemblea de Representants del Consell de la República (una entidad privada) con una mesa de diálogo (real a pesar de tener un recorrido incierto) que implica las dos formaciones del Ejecutivo autonómico. ¿Están de acuerdo en la comparación el vicepresident Puigneró y el resto de consellers de Junts? ¿Nos dice Puigdemont que los suyos se desmarcan, definitiva y solemnemente, de la negociación con Madrid? ¿Podemos dar por muerto el Gabinete independentista?
 

Cuanta más fantasía, más menosprecio a las instituciones de autogobierno

 
El tuit emitido desde Waterloo tiene más importancia de lo que parece. En Palau han hecho como si no pasara nada. Estamos en plena negociación de los presupuestos de la Generalitat y el momento es delicado. Aragonès necesita que la CUP acabe votando las cuentas, no quiere una foto con el PSC, que es probable. Vale. Pero no podemos mirar hacia otro lado: estas elecciones para una Cámara virtual son la constatación de que la parte del independentismo atrapado en la retórica unilateral no puede vivir sin las muletas de la fantasía. Y cuanta más fantasía, más menosprecio a las instituciones de autogobierno.
 
Pero el refugio virtual del independentismo que todavía tiene prisa debe convivir con la realpolitik (que incluye cargos y sueldos) y aquí es donde la disonancia cognitiva alcanza un nivel más alto. Las actitudes insurgentes no casan con la necesidad de asegurar la presencia de cuadros y militantes en la administración. ¿Por qué Junts juega a vincular una táctica de resistencia con el teatro de una República inexistente? Puigdemont ha conseguido dejar en evidencia la chapucera y errónea estrategia de Llarena, circunstancia que comporta costes notables para la marca España. Pero el líder de Junts malgasta este capital político cuando, en el tablero interior, quita importancia a las instituciones de autogobierno con organismos de cartón piedra.
 
No parece inteligente que la respuesta a una más que probable cronificación del conflicto (con una mesa de diálogo donde las demandas de máximos del independentismo no prosperarán) sea intensificar la fantasía y engordar una República virtual que, seamos claros, no interesa a la mayoría de catalanes (incluidos muchos independentistas).El país está cansado de espejismos.

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